lunes, 29 de julio de 2013

¡Hola queridos lectores! Hoy voy a dejaros un cuento de Helen Buckley, una historia que me encanta por lo relacionado con mi profesión, que es Educadora Infantil. Espero que os haga reflexionar y que os guste =)


Una vez el pequeño niño fue a la escuela. Era muy pequeñito y la escuela muy grande. Pero cuando el pequeño niño descubrió que podía ir a su clase con sólo entrar por la puerta del frente, se sintió feliz.
Una mañana, estando el pequeño niño en la escuela, su maestra dijo: Hoy vamos a hacer un dibujo. Qué bueno- pensó el niño, a él le gustaba mucho dibujar, él podía hacer muchas cosas: leones y tigres, gallinas y vacas, trenes y botes. Sacó su caja de colores y comenzó a dibujar.
Pero la maestra dijo: - Esperen, no es hora de empezar, y ella esperó a que todos estuvieran preparados. Ahora, dijo la maestra, vamos a dibujar flores. ¡Qué bueno! - pensó el niño, - me gusta mucho dibujar flores, y empezó a dibujar preciosas flores con sus colores.
Pero la maestra dijo: - Esperen, yo les enseñaré cómo, y dibujó una flor roja con un tallo verde. El pequeño miró la flor de la maestra y después miró la suya, a él le gustaba más su flor que la de la maestra, pero no dijo nada y comenzó a dibujar una flor roja con un tallo verde igual a la de su maestra.
Otro día cuando el pequeño niño entraba a su clase, la maestra dijo: Hoy vamos a hacer algo con barro. ¡Qué bueno! pensó el niño, me gusta mucho el barro. Él podía hacer muchas cosas con el barro: serpientes y elefantes, ratones y muñecos, camiones y carros y comenzó a estirar su bola de barro.
Pero la maestra dijo: - Esperen, no es hora de comenzar y luego esperó a que todos estuvieran preparados. Ahora, dijo la maestra, vamos a moldear un plato. ¡Qué bueno! pensó el niño. A mí me gusta mucho hacer platos y comenzó a construir platos de distintas formas y tamaños.
Pero la maestra dijo: -Esperen, yo les enseñaré cómo y ella les enseñó a todos cómo hacer un profundo plato. -Aquí tienen, dijo la maestra, ahora pueden comenzar. El pequeño niño miró el plato de la maestra y después miró el suyo. A él le gustaba más su plato, pero no dijo nada y comenzó a hacer uno igual al de su maestra.
Y muy pronto el pequeño niño aprendió a esperar y mirar, a hacer cosas iguales a las de su maestra y dejó de hacer cosas que surgían de sus propias ideas.
Ocurrió que un día, su familia, se mudó a otra casa y el pequeño comenzó a ir a otra escuela. En su primer día de clase, la maestra dijo: Hoy vamos a hacer un dibujo. Qué bueno pensó el pequeño niño y esperó que la maestra le dijera qué hacer.
Pero la maestra no dijo nada, sólo caminaba dentro del salón. Cuando llegó hasta el pequeño niño ella dijo: ¿No quieres empezar tu dibujo? Sí, dijo el pequeño ¿qué vamos a hacer? No sé hasta que tú no lo hagas, dijo la maestra. ¿Y cómo lo hago? - preguntó. Como tú quieras contestó. ¿Y de cualquier color? De cualquier color dijo la maestra. Si todos hacemos el mismo dibujo y usamos los mismos colores, ¿cómo voy a saber cuál es cuál y quién lo hizo? Yo no sé, dijo el pequeño niño, y comenzó a dibujar una flor roja con el tallo verde.


A veces no nos damos cuenta de que no dejamos a los niños ser ellos mismos, no les damos la oportunidad de mostrar su manera de ver el mundo y de sacar fuera toda esa creatividad que tienen. ¿Por qué las cosas tienen que ser como nosotros creemos que son? Si le damos la oportunidad a un niño de mostrarnos lo que es capaz de hacer ahora, quién sabe lo que ese niño será capaz de hacer cuando sea adulto. 

¡Comentad si os ha gustado!




miércoles, 24 de julio de 2013

¡Hola queridos lectores! Hoy vengo a dejar una cosilla, pero no para vosotros, y os preguntaréis ¿Para quién? Pues resulta que un día como hoy, hace 24 añitos, nació una persona a la que he tenido la suerte de conocer. Y que mejor que desearle un día genial por medio de este blog que hemos creado juntas.





¡Feliz cumpleaños Ayi!

Me alegro de que un día hace ¿Cuántos? ¿Catorce años? nos diera por quedar y por hablar de frikadas varias. Desde que éramos unas niñas hemos compartido algo que nos apasiona a las dos, leer y escribir. Así que agradezco a este hobbie no solo haber llenado un montón de tediosas horas y de haberme permitido dejar volar mi imaginación, sino haber logrado que te convirtieras en una gran amiga con quien poder compartir todo esto, con quien poder sentirme a gusto y con quien poder llevar a cabo un montón de cosas que sin ti no me hubiera atrevido hacer.
Gracias por esas risas, por esas historias, por esos momentos, por estar siempre ahí con tus consejos, por haberme hecho sentir en esos años de dura adolescencia que no estaba sola en mis locuras mentales. Gracias por todo. Te deseo lo mejor este día y siempre, sabes que te quiero como amiga y que te admiro por lo que eres capaz de hacer con un boli en la mano. Espero sinceramente que todo lo que sueñas se haga realidad porque te lo mereces, por tu constancia, tu ilusión y tus ganas de aprender y de hacer las cosas bien. 

¡Qué tengas un cumpleaños genial y que lleguen muchos más juntas!

Lyra 






domingo, 21 de julio de 2013

Sigo Aquí


¡Feliz domingo musical, Visitantes del Blog!
Hoy comparto con vosotros una canción de mi cantante español favorito: Alex Ubago. ¿Quién habría pensado que entre Lyra y yo, yo sería la primera en poner una canción en español? Jajaja.
Esta canción aparte de ser genial, forma parte de la banda sonora de la que es mi película de Disney favorita: El Planeta del Tesoro.



Supongo que todos en algún momento de nuestras vidas nos hemos sentido un poco incomprendidos, solos, como si nadie pudiera entendernos o no quisieran hacerlo. Te sientes un bicho raro y no me refiero solo a ese estado horrible que es característico de la adolescencia, sino a cuando te sientes invisible aún estando rodeado de muchas personas que se preocupan más por sus cosas y no se dan cuenta de que estás ahí. Aunque supongo que es normal que según vas creciendo y haciéndote adulto, te sientes menos así.
Espero que os guste y si no habéis visto la peli o no conocéis nada de este cantante, os estáis perdiendo grandes cosas.
Hasta la próxima melodía, Visitantes. ^^




Sigo Aquí

By

 
Alex Ubago

 

Soy la pregunta del millón
siempre la interrogación
no respondas que sí porque sí

Y qué, qué podrías tú decir
si yo no te voy a oír
No me entiendes
Y nunca seré lo que esperas de mí

Jamás ya me vas a conocer
Niño y hombre puedo ser
No me uses y apartes de ti
Y di como alguien aprendió
Lo que nadie le enseñó
No me entiendes
No estoy aquí

Y yo sólo quiero ser real
Y sentir el mundo igual
Que los otros,
Seguir siempre así

¿Por qué yo tendría que cambiar?
Nadie más lo va a intentar
Y no entienden
Que sigo aquí

Y tú ves lo que ellos nunca ven
te daría el cien por cien
me conoces y ya no hay temor

YO mostraría lo que soy
Si tú vienes donde voy
no me alcanzan
si eres mi amigo mejor

Que sabrán del mal y bien
Yo no soy lo que ven,
todo un mundo durmiendo
y yo sigo soñando, ¿por qué?
Sus palabras susurran mentiras
que nunca creeré...

Y yo solo quiero ser real
Y sentir el mundo igual
que los otros, por ellos, por mí

¿Por qué yo tendría que cambiar?
nadie más lo va a intentar
estoy sólo
Y sigo aquí
Sólo yo
Estoy aquí
Sigo aquí…
Sigo aquí…
 
 
 


viernes, 19 de julio de 2013

¡Hola queridos lectores! 

Hoy por fin traigo el desenlace de la historia El Certamen, espero que os guste y sino, siempre podéis dar vuestros motivos =)
Lo último que habíamos leído fue a Lizbeth confesándole a Alex que no podía seguir allí debido a que sentía que traicionaba a su padre. ¡Veremos que opina Alex de esto!

Alex apretó la mandíbula y frunció el ceño.
-Ya veo-se encogió de hombros-eres libre de marcharte cuando quieras, pero no me gustaría que te fueras con una impresión equivocada de mí.
Lizbeth le miró sin entender.
-Fue Darren quién amañó el certamen, yo no tuve nada que ver y me quedé tan sorprendido como tú al no oír el nombre de tu padre como ganador, pero ya no podía hacer nada, el jurado estaba comprado y no iban a cambiar su voto.
Lizbeth tardó unos segunos en procesar todo lo que Alex estaba diciendo. El pueblo entero le había creído culpable durante meses, le había insultado, excluido y despreciado. ¿Por qué nunca había dicho nada? ¿Por qué no había contado la verdad?
-¿Por qué no lo dijiste antes?
Alex negó imperceptiblemente con la cabeza, como si todo estuviera claroy hablar no tuviera sentido.
-Daba por hecho que a estas alturas no me creías capaz de algo así-Alex apartó la mirada-está claro que me equivocaba.
Lizbeth sintió que las mejillas se le teñían de rojo.
-Bueno yo…realmente no sabía…-no se le ocurría de qué forma excusarse-Pero ¿y el pueblo? ¡Todo el mundo sigue pensando que eres un…!-se detuvo a tiempo de decir algo que pudiera herirle.
-¿Un bastardo sin sentimientos?-terminó Alex con una media sonrisa-¿Y qué puedo hacer yo? No tengo manera de demostrar nada y la gente tiende a creer lo que quiere creer. Y por supuesto es más fácil pensar que el solitario y excéntrico Alexander Mayfair ha comprado al jurado del certamen para arruinar los sueños de un viejo inventor por el simple placer de hacerlo. En ningún momento se les pasaría por la cabeza que el carismático y atractivo Darren haya podido hacer algo así solo para concederle el premio a la chica con la que se acuesta.
Lizbeth se sentía abrumada por todo aquello, y también por el hecho de que Alex había perdido completamente la compostura y no estaba acostumbrada a verle así.
-Áex… lo siento, no tenía ni idea…-la verdad es que no había nada que pudiera decir para disculparse.
-Alex levantó una mano para indicar que no hacía falta que siguiera.
-No importa, ahora ya lo sabes-cogió de nuevo el periódico que había estado leyendo antes de que Lizbeth le interrumpiera y caminó hacia la puerta. Antes de llegar a esta se dio la vuelta y dijo-puedes despedirte de Brandon cuando quieras.
Lizbeth se quedó sola en las estancia sin saber qué hacer. Caminó sin darse cuenta hasta la cocina en busca de Brandon. Después de pedirle al niño que la acompañara, los dos se sentaron en los escalones de la entrada de la casa.
Brandon no entendió por qué tenía que marcharse.
-Tu tío está molesto conmigo y no le falta razón-explicó Lizbeth-creí algo muy malo de él y estaba equivocada.
-Pues pídele disculpas-era realmente enternecedor lo sencillo que resultaba todo en la mente de los niños-él no puede saber lo arrepentida que estás si no se lo dices.
Lizbeth sonrió con ternura al niño, pero no estaba convencida. El sexto sentido del niño pareció avisarle de esto porque continuó con sus sencillos argumentos.
-Dile que ahora que le conoces sabes que es muy bueno y que te gustaría quedarte con nosotros-le explicó Brandon como si fuera él quien estaba hablando con un niño pequeño-Seguro que mi tío aun cree que quieres irte, y es una tontería que hagas algo que no nos gusta a ninguno de los tres cuando sería tan fácil pedir perdón.
Solo un niño de apenas diez años podía pensar que pedir perdón era algo fácil. Pero Lizbeth tuvo que admitir que tenía razón en todo lo que estaba diciendo.
-Creo que voy a hacerte caso-sonrió Lizbeth abrazando al pequeño, quien sonrió satisfecho.
                                                              [-----------------]

Lizbeth encontró a Alex en la terraza, apoyado en la balaustrada y mirando las estrellas, ya que hacía un rato que había anochecido.
-Creí que ya te habrías marchado-dijo Alex sin mirarla.
-No me hubiera ido sin despedirme de ti-aseguró invadida por la timidez.
-Alex se giró y la miró. A Lizbeth le pareció que tenía los ojos más oscuros que de costumbre.
-¿Has venido a despedirte, pues?-preguntó frunciendo el ceño.
Lizbeth tragó saliva y se acercó más a él.
-En realidad no. He venido a disculparme contigo-antes de que Alex pudiera interrumpirle Lizbeth continuó-Me han encantado estos meses que he pasado junto a Brandon…y junto a ti. Me he dado cuenta de que eres un gran hombre y de que te juzgue mal. Todos lo hemos hecho. Creemos que lo sabemos todo de alguien solo por su apariencia o por su actitud y no nos molestamos en indagar en lo que hay más adentro de las personas. Emitimos juicios sobre gente que no conocemos. Y nos equivocamos. Yo me he equivocado contigo. Y lo único que puedo esperar ahora es que me perdones y me permitas seguir dándole clases a Brandon…y poder seguir conociéndote a ti…si tú quieres.
En medio de toda aquella confesión Lizbeth no había podido soportar la presión de su mirada y había desviado la vista al cielo y había comenzado a tocarse el pelo. Había tratado de ser sincera pero aun así tenía miedo de la reacción que pudiera tener Alex. Al mirarle se dio cuenta de que éste estaba sonriendo. Levantó una mano y cogió el mechón de pelo castaño que Lizbeth tenía entre los dedos.
-Me alegro de que tu impresión sobre mí haya cambiado-dijo suavemente-y estoy seguro de que a Brandon le encantará saber que te quedas-hizo una breve pausa y acentuó aún más su sonrisa-aunque no tanto como a mí.
Lizbeth sonrió.
Ambos se sorprendieron bastante cuando le dieron la noticia a Brandon y éste ni se inmutó. Parecía tener claro que Lizbeth no iba a marcharse.
Pocos meses después salió a la luz que Darren había sido el culpable de todo aquello, pero pocos fueron los que se disculparon con Alex. La gente no suele admitir sus errores muy a menudo. Pero a Ále no le preocupaba. Tenía a su lado a las únicas personas cuyas opiniones le importaban.

Y colorín colorado... Espero que os haya gustado ^^

Decir que esta historia surgió de una pequeña tarea que me mandaron en una asignatura. Teníamos que elegir algún cuento o pelicula para niños y coger la idea principal para escribir algo y elegí una pelicula de Disney que siempre me ha gustado mucho: La Bella y La Bestia. 
Así que moraleja: Antes de juzgar...intentar conocer a la persona que tenéis enfrente =)



lunes, 15 de julio de 2013

¡Hola queridos lectores! Traigo la continuación de "El certamen" Muchas gracias a los que comentaron, y espero que les siga gustando la historia =)


Fueron pasando los días, y lejos de que esto aplacara a la gente, ésta sentía aun más aversión por Alex. Llegó un momento en el que el joven director no podía apenas salir de su casa sin que le llovieran los insultos o fuera víctima de las gamberradas de los adolescentes del pueblo.
Pronto la gente se acostumbró a no verlo caminar solo y taciturno como siempre solía hacer. Algunos pensaron que se había marchado definitivamente del pueblo.
Después de varios meses llegó el verano. La gente ya había olvidado el incidente del certamen, si bien no Lizbeth  ni su padre.
Como ya no contaban con el dinero del premio, Lizbeth se había visto forzada a buscar un trabajo. Contestó a un anuncio en el que se precisaba una profesora de literatura que pudiera acudir al domicilio para impartir clases a un niño de nueve años. No tardaron mucho en enviarle una respuesta diciéndole que estaba contratada.
Lizbeth acudió a la dirección que venía en el anuncio, un gran caserón alejado del pueblo. Se sintió cohibida cuando caminó hacia la puerta y llamó golpeando ésta suavemente con los nudillos. Enseguida se oyeron unos pasos acercándose por el rellano y Lizbeth no pudo contener su sorpresa cuando el joven director del certamen, Alex, le abrió con el ceño fruncido y semblante serio.
-Pase señorita Welford-dijo Alex haciéndose a un lado para dejarla pasar.
-Gracias señor…Mayfair-contestó Lizbeth aun sin saber cómo tomarse aquello.
-Por favor, llámeme Alex-dijo el hombre con semblante serio.
“¿Por qué me mira así?”pensó Lizbeth “Si alguien debería estar enfadada aquí, esa soy yo”
Lizbeth se fijó en que Alex llevaba puesta la parte inferior de un traje negro y una camisa del mismo color arremangada hasta los codos, lo que le daba un aspecto más desenfadado del que pretendía con la expresión de su rostro.
-Mi sobrino saldrá en un momento-comentó Alex guiándola hasta la sala de estar.
Lizbeth se sorprendió al oír aquello. No tenía ni idea de que Alex tuviera ningún sobrino. Ni hermanos, primos, ni ninguna clase de pariente.  Era obvio que no había nacido de un huevo, pero nunca se había imaginado a aquel joven en un entorno familiar.
El ruido de una puerta interrumpió sus pensamientos y al girarse vio lo que parecía una versión en miniatura de Alex, solo que con expresión alegre y confiada. También vestía el pantalón de un traje oscuro y llevaba camisa, pero de color blanco y dos tallas más grande de lo que le correspondía.
El niño se acercó a Lizbeth sonriendo  y le tendió la mano.
-Mucho gusto en conocerla señorita Welford-Lizbeth le estrechó la mano entre confundida y divertida ante los implacables modales del muchacho que miraba a su tío en busca de una señal de aprobación.
Cuando Lizbeth se dio la vuelta hacia Alex, le sorprendió ver que éste estaba sonriendo  y miraba al niño con una expresión entre cariñosa y orgullosa.
Lizbeth se autoconvenció de que había sido producto de su imaginación y se centró en lo que había venido a hacer.
-Igualmente señorito… -Lizbeth no tenía ni idea de si aquel niño era un sobrino por parte de alguna hermana de Alex o de un hermano, con lo que no tenía ni idea de con qué nombre dirigirse a él, pero el muchacho enseguida acabó la frase por ella al ver su indecisión.
-Mayfair-dijo orgulloso-Brandon Mayfair, pero llámeme Brandon.
Lizbeth asintió.
-Bien Brandon, empezaremos cuando tu tío lo considere oportuno-dijo tratando de ser correcta y mirando a Alex, quien ya tenía su habitual expresión  de “Acércate y te muerdo”
“Esa le pega mucho más” pensó Lizbeth satisfecha.
Alex les condujo hasta una pequeña salita repleta de libros. Había una mesa no muy grande en el centro y dos sillas de color negro.
-Dentro de un rato el servicio os traerá algo para comer-informó Alex saliendo de la estancia sin dar más explicaciones.
Por suerte Brandon parecía estar cómodo con la situación y enseguida pasó a explicarle a Lizbeth todas las preguntas que ésta no se había atrevido a formular en voz alta.
Resultaba que “el servicio” era una mujer entrada en años y en carnes que se encargaba de que todo estuviera en orden. Se metía demasiado en la vida de los dos Mayfair de la casa, comportándose más como abuela y madre que como asistenta, pero llevaba tantos años en la familia y lo hacía todo con tan buena intención que Alex se lo consentía todo.
En aquella pequeña salita era dónde el tío de Brandon le enseñaba todo lo que sabía; modales, cálculo y sobre todo literatura, que era su gran pasión. Pero hacía tiempo que Alex había pensado que al niño le vendría bien una nueva compañía y tener un referente femenino en la casa que no se preocupara solo de que engordara, como era el caso de la asistenta.
Aquellas charlas con Brandon se convirtieron en costumbre y según pasaban las semanas Lizbeth pasaba más horas al día en la casa e iba conociendo más a su dueño a través de su parlanchín sobrino, que le idolatraba. De esa forma supo que los padres de Brandon, el señor y la señora Sullivan, habían muerto en un accidente de tráfico tres años atrás y al quedarse Brandon con su tío, éste le puso su apellido en honor a su hermana fallecida, y lo había criado desde entonces.
Al ver lo bien que estaba su sobrino con Lizbeth, Alex le pidió que siguiera dándole clases y jugando con él el resto del año a la salida del colegio de Brandon, a lo que Lizbeth aceptó gustosa, ya que ella también disfrutaba de la compañía del pequeño, y últimamente tenía que admitir que también disfrutaba la de Alex, quien a veces se sumaba a sus tardes de estudios y charlas, aunque normalmente era un espectador silencioso.
Cuando Brandon comenzó a ir a la escuela en septiembre, Alex empezó a invitarla algunas mañanas a la casa para charlar, y en poco tiempo Lizbeth se dio cuenta de que lo había juzgado mal. Cuando le conocías te dabas cuenta de que detrás de esa fría armadura había un hombre inteligente, responsable, cariñoso y atento. Lizbeth disfrutaba en verdad estando con él, pero no lograba olvidar lo sucedido en el certamen hacía ya un año.
Una tarde en la que Brandon estaba ayudando al ama de llaves a preparar la merienda, Lizbeth aprovechó para acerarse a Alex con semblante serio. Éste pareció darse cuenta de la preocupación en la cara de Lizbeth porque dejó el periódico que estaba ojeando y la miró con expresión interrogante.
-¿Ocurre algo Liz?-hacía ya tiempo que habían empezado a tutearse aunque en la cabeza de Lizbeth él siempre había sido solo Alex y nunca el señor Mayfair.
Lizbeth se armó de valor y con los ojos cerrados dijo:
-No puedo seguir dando clases a Brandon…ni viniendo a esta casa.
Alex asintió con la cabeza aun sin entender nada.
-Emm… Como quieras. ¿Puedo saber si has tenido algún problema?
La calma y la educación de Alex le sacaba de sus casillas.

-No puedo seguir trabajando con el hombre que tiró por tierra los sueños de mi padre-confesó Lizbeth sin poder contenerse más-siento que le estoy traicionando.


¿Confíáis en Alex? ¿Creeis que Lizbeth debería marcharse? ¡Comentad que es gratis!

domingo, 14 de julio de 2013

¡Hola queridos lectores! Hoy es domingo de análisis, así que os traigo un sueño que tuve hace unas semanas para que deis vuestra opinión y me digáis que puede significar. Ayi ya ha expuesto su teoría. ¿Estáis de acuerdo con ella?


Ayi y yo salimos a dar una vuelta por Madrid como tantas otras veces, es lo que tiene ser de posición humilde, que lo de dar paseos es un plan recurrente. De repente nos adentramos en una cueva que tiene unos raíles en los que varios adolescentes están haciendo cola como si fuera el parque de atracciones. Y la atracción en cuestión es básicamente un tronco con ruedas en el que te tienes que tumbar y luego sale disparado a toda mecha por los raíles. (patente en marcha ¬¬)
No sé muy bien por qué a Ayi y a mí nos parece una genial idea lo de subir, así que ahí vamos como unas valientes y cada una monta en un tronco mortal de esos. El troncomóvil se pone en marcha y gritamos durante un rato hasta que aminora la velocidad (sí Ayi, lo siento, pero tú también gritas. Mis sueños, mis normas) Empezamos a pasar por una especie de centro comercial en el que solo hay establecimientos de comida extraña. Las dos empezamos a sentir hambre, nos apeamos de nuestros respectivos troncomóviles…y no vemos nada que podamos soportar comer. Vemos con aprensión que hay puestos de insectos y de carne rara…Hasta que me da por dejar a Ayi un poco atrás y aventurarme tras una esquina. Entonces con la misma ilusión que una niña el día de Reyes llamo a mi amiga.
-¡Ayi mira, mira!-cuando Ayi llega a mi lado se le ilumina la cara.
-¡Un Starbucks!- no es que seamos adolescentes snobs ni mucho menos, pero somos algo adictas a los frapuccinos de chocolate y ver uno de estos establecimientos entre tanta comida vomitable…
Corremos como locas hasta llegar al mostrador y pedimos bebida y comida, todo de chocolate.
Después de engullir todo a una velocidad propia de un sueño, salimos por una puertecilla y aparecemos en un parque oscuro, poco transitado, pero que por suerte contaba con una boca de metro, lo que prueba mi teoría de que en Madrid hay bocas de metro por todas partes. (Nuestra salida de escape habitual cuando nos perdemos por la capital). Y llegamos sanas y salvas a casa.

Analiza esto y dime que no es una llamada a gritos de uno de nuestros paseos por Madrid que hace tanto que no damos.

Y hasta aquí mis incoherencias mentales. Ahora vamos a leer que ha sacado Ayi en claro. Tanto si estáis de acuerdo con ella como si no, podéis opinar.

¡Aquí está Ayi! ¡Dispuesta a analizar todo lo que sea analizable y a demostrar que para esto no es necesario ser un psicoanalista consumado!
De todos modos, Lyra, no era necesario que me lo dieras ya medio analizado (lo digo por esa última frase) ¡Ten un poco más de confianza en mí! Yo solita podría haber llegado a esa conclusión.
En fin, veamos qué más puedo sacar de aquí.
Está claro que este sueño es una especie de prolongación del anterior en el que buscabas hacerte con modelitos para el verano. En este, ya vestida y divina de la muerte, estás buscando planes para las vacaciones.
Analicemos el primer párrafo ¿Una cueva con raíles y llena de adolescentes hacia una atracción? ¡Facilismo! Quieres que nos cojamos el metro y vayamos al parque de atracciones para pelear con un montón de críos en esas colas interminables ¿verdad?
Continuemos. Lo siguiente es un tanto incomprensible ¿Te sorprende que nos subamos a la atracción? ¡Pero sí ya habíamos hecho la cola! Pero sí que es interesante que tú te montes como una valiente... creo que tu inconsciente te está diciendo que la próxima vez que vayas a un parque tienes que subirte a todas las montañas rusas que veas ¡Es un deseo reprimido, claramente!
Si me permites un consejo, en lugar de patentar esta atracción el troncomovil (por cierto, míralo porque creo ese nombre ya esta pillado) igual deberías patentar ese nuevo concepto de complejo de ocio: el parque de atracciones con centro comercial incorporado. Con starbucks ¡Claro! Que seguro que lo petas. Pero evita incluir lo de los puestos de comida con insectos y carne en mal estado que luego nos vienen las denuncias.
¿Por qué había un parque oscuro a la salida del starbucks? ¿No sería un parking? Las palabras se parecen... de aquí lo único que he sacado en claro es que las bocas de metro (que ciertamente crecen como setas por Madrid) parecen haberse convertido en elementos de seguridad para ti. No soy tan experta en la simbología freudiana como tú, querida Lyra, pero yo buscaría en tu diccionario a ver qué significa.
Al menos tenemos un final feliz.
Hasta aquí mis dotes de interpretación ¡Espero que te haya ayudado!

Gracias por tu interpretación Ayi, siento decirte que mi genial atracción del troncomóvil no oculta ningún deseo reprimido sobre querer subirme a una de esas abobinables atracciones a las que pretendes que me suba. La lanzadera fue mi límite. 
Para todos los demás os doy vía libre para comentar. ¡Hasta la próxima!

jueves, 11 de julio de 2013

El certamen

¡Hola queridos lectores! Hoy me me paso por aquí para dejar el comienzo de una pequeña historia que espero que os guste.  


                                      EL CERTAMEN


Era Otoño. Montones de hojas de diferentes colores cubrían suelo húmedo. El ambiente era oscuro  y algo triste, como si la ausencia del sol hubiera silenciado las voces y los ruidos.
Lizbeth corría hacia la casa de su padre para refugiarse de la incesante lluvia. Siempre se olvidaba el paraguas en casa, a pesar de dejarlo junto a la puerta para verlo al salir.
Cuando abrió la puerta se encontró a su padre, ya entrado en años pero ingenuo como un niño, enfrascado en sus bocetos en el escritorio de su despacho.
-¿Algo nuevo papá?-preguntó Lizbeth alegremente. A ella el otoño no le entristecía, muy al contrario, le encantaba salir a la calle y pasear bajo el cielo gris que siempre amenazaba lluvia.
-Sí pequeña-su padre jamás dejaría de llamarla pequeña, aunque ante sí tuviera ya a una hermosa mujercita de pelo castaño y grandes ojos que lo miraban con reproche fingido-El sábado demostraré a todo el mundo que soy un gran inventor.
El sábado era el gran día que tanto tiempo llevaban esperando. Se celebraba la entrega de premios del concurso “Inventores de ahora”. Su padre había conseguido un merecidísimo primer premio, y el sábado lo harían público en la plaza del pueblo. Era algo muy importante para ellos, ya que él mérito de su padre nunca había sido reconocido y ahora después de toda una vida, por fin veía los frutos de todo su esfuerzo.
Lizbeth sonrió dulcemente a su padre y se acercó para darle un beso en la frente.
-Yo siempre he sabido que eran un gran inventor, papá-aseguró antes de subir las escaleras en dirección a su cuarto.
                                        [-----------------------]

El sábado el padre de Lizbeth salió temprano de casa y sin despertar a su hija. No le importaba que ella no fuera a la entrega de premios, para su hija siempre había sido un ganador.
Sin embargo Lizbeth se despertó sobresaltada al escuchar el sonido de la puerta de casa al cerrarse, y cuando comprendió que se había quedado dormida se apresuró a vestirse para llegar a tiempo a la entrega de premios. Quería estar al lado de su padre ahora que por fin se lo tomaban en serio. Ese día era importante para él y no iba a dudar en acompañarlo.
Sintió un gran alivio cuando llegó a la plaza del pueblo donde se celebraba el certamen y vio que éste aun no había dado comienzo.
El director del certamen se hallaba sentado en una silla negra al lado del escenario, apenas nadie reparaba en él. Y no es que lo hicieran normalmente, Alex era un hombre serio y reservado que no era muy apreciado por sus vecinos. Tenía unas formas algo rudas y apenas hablaba con nadie.
En contrapunto a la postura distante del director, el ambiente en el resto de la plaza era de revuelo. Normalmente no tenían mucho que celebrar y cualquier excusa era buena para armar una fiesta. Todo el mundo murmuraba excitado, haciendo sus apuestas y aprovechando para comer y beber con sus vecinos.
Solo el director del certamen y sus participantes sabían ya los resultados, y tenían prohibido comunicárselo a nadie hasta el día de la entrega oficial de premios.
Subido en la tarima y con un aire jovial y despreocupado Darren presentaba el concurso. Era un joven apuesto y seguro de sí mismo que se manejaba en los escenarios como si hubiera nacido en uno. Cuando vio a Lizbeth entre el gentío la guiñó un ojo con aire pícaro, a lo que Lizbeth puso los ojos en blanco y giró la cabeza.  La molestaban sobremanera sus atenciones. Se creía que con su deslumbrante sonrisa podía tener cualquier cosa que deseara. Pues bien, ella no iba a ser una de esas cosas. Su extrema arrogancia no compensaba su atractivo.
Por fin el certamen dio comienzo. La multitud quedó en silencio y Darren tomó todo el protagonismo. Después de unas cuantas bromas y de dar el tercer y el segundo premio por fin llegó el momento tan esperado.
Era el turno de dar el primer premio y Lizbeth se mordía el labio nerviosa buscando a su padre con la mirada, pero no lograba localizarlo.
Darren se llevó el micrófono a los labios y con una gran sonrisa se dispuso a decir el nombre del ganador. Todo el mundo estaba expectante y nada más que prestaban atención al escenario.
-Y el primer premio de “Inventores de ahora” 2010 es para… ¡La señorita Anne Andrews!
Lizbeth ahogó el grito de júbilo al oír el nombre. ¿Andrews? ¿Qué clase de broma era aquella? El ganador era su padre y así se lo había hecho saber el jurado hacía unos días. Tenía que haber algún error.
El público vitoreaba contento, ajeno a aquél malentendido. Una chica alta y pelirroja había salido de entre la multitud y había subido a la tarima para recoger el cheque de las manos de un despreocupado Darren. La chica lucía una ensayada sonrisa y saludaba a sus vecinos con una mano.
“No tiene pinta de haber inventado nada” pensó Lizbeth “Ni siquiera tiene pinta de saber leer.”
Alex parecía haber salido de su ensimismamiento y miraba hacia la tarima con el ceño ligeramente fruncido, pero ni siquiera se molestó en levantarse.
Lizbeth por fin divisó a su padre subiendo a la tarima con la cara roja de indignación. Se acercó a Darren, quien le sacaba una cabeza, y se encaró a él.
-¡Esto no es posible! ¡Tiene que haber cometido un error!-el presentador del certamen se limitó a mirarlo con lástima y a encogerse de hombros.
-Yo solo soy el presentador, amigo.
El padre de Lizbeth, sin ser consciente de lo cerca que estaba del micrófono, profirió en gritos:
-¡Esto es una desfachatez! ¡El jurado me nombró ganador hace días! ¿¡Qué clase de broma pesada es esta!?
El público, al escuchar aquello, comenzó a murmurar, y luego a quejarse. Más por tener un motivo por el que crear polémica que porque realmente les importara quien ganara o perdiera ese certamen.
Poco a poco comenzaron a insultar al director del concurso, ya que como realmente a nadie le caía bien, era una oportunidad perfecta para dejarle en evidencia.
Alex, con seguridad y semblante tranquilo, como si no oyera todos los insultos que iban dirigidos a él, se acercó al micrófono.
-El certamen ha finalizado, pueden marcharse-dijo quedamente.

La gente se fue dispersando poco a poco al ver que allí ya no iba a suceder nada más, pero se fueron farfullando y maldiciendo al director.

                                                                                                         Continuará...

¿Intrigados? ¿Qué habrá pasado con el premio? ¿Habrá alguien detrás de todo esto o se trata de un simple error? Si queréis saberlo seguir entrando al blog y pronto tendréis la respuesta ¡Comentad!