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domingo, 18 de agosto de 2013

La dama de Shalott


¡Feliz domingo de lecturas, Visitantes!

¿Cómo estáis sobrellevando el calor? Hay estudios por ahí que dicen que un buen modo de olvidarse del calor es leyendo, así que os traigo algo nuevo para la sección de lecturas.

Sé que había prometido que cuando me tocara aportar algo en esta sección, os presentaría antiguas versiones de nuestros queridos cuentos de la infancia antes de que pasaran por el filtro de Disney; pero este domingo dejaré a un lado los cuentos y compartiré con vosotros una vieja leyenda que siempre me ha gustado mucho: La dama de Shallot.

Se trata de un antiguo poema de un hombre llamado Tennyson y que pertenece al ciclo de leyendas artúricas (conocéis alguna historia del Rey Arturo ¿no?). Como es un poema enorme y además, al haber sido escrito originalmente en inglés hay millones de traducciones distintas por ahí, yo he reescrito el poema en forma de relato para que todos podáis conocer esta historia.

Espero que os guste y que me comentéis! Hasta el próximo domingo ^^

La dama de Shallot

 
Según cuenta una antigua leyenda, existió una vez en el pasado, una joven, cuyo nombre ya nadie recuerda, que vivía encerrada en una alta torre en el centro de una isla llamada Shallot. Dicha isla estaba situada a medio camino entre Camelot y Winchester. Las malas lenguas decían que estaba embrujada y por eso nadie se acercaba más de lo necesario cuando viajan hacia Camelot.
La joven había vivido toda su vida en aquella fortaleza, sabiendo únicamente que estaba prisionera. Apenas contaba con una pequeña habitación para vivir donde sólo había una ventana que estaba orientada hacia Camelot. Frente a la ventana había un enorme y redondeado espejo colocado de manera que reflejaba todo lo que se veía desde la ventana y en el centro de la habitación, la joven tenía un gran telar.
Un noche, mientras la joven dormía, una voz le habló en sueños. Era una voz fría y que parecía provenir desde el  mismo infierno. Igual de terrible que su sonido, era el mensaje que le susurró. La voz le dijo que nunca mirara por la ventana porque en el momento en que mirara hacia Camelot, una terrible maldición caería sobre ella.
Aunque la joven desconocía el tipo de maldición de la que hablaba la voz, tomó la decisión de seguir su consejo.
A partir de ese momento la joven pasó las horas observando el reflejo del espejo y tejiendo las imágenes que éste le mostraba. Imágenes de las vidas de otras personas. Y aunque nunca desobedeció, con el tiempo empezó a preguntarse por qué todas esas personas podían vivir de verdad y ella tenía que resignarse a observar desde su alta, alta torre.
Así fue hasta que un día pasó algo.
Lancelot, el caballero más fuerte del Rey Arturo pasó cabalgando muy cerca de la torre de Shallot y se reflejó en el espejo. Cuando la joven de Shallot le vio se enamoró de él en un solo segundo. Y aquello lo cambió todo. Por primera vez, se dio cuenta de que estaba sintiendo algo de una intensidad mucho mayor a la del miedo que le daba la maldición. Eso hizo que empezara a planteara cosas que nunca antes había considerado.
Quería ser valiente. Quería abandonar su torre a pesar de que al ser lo único que conocía, era lo más seguro que tenía. Pero ya no le importaba nada que no fuera estar con su caballero. Y de ese modo, todas las esperanzas que durante años había sostenido con delicadeza y cuidado en su diminuto corazón fueron puestos en ese amor.
Trató de comunicarse con él y hacerle llegar un trozo de su vestido para que Lancelot lo usara como divisa para su lanza cuando combatiera en sus torneos.
Pero Lancelot ya estaba enamorado de Ginebra y de su vestido era la tela que llevaba en su lanza. Cuando nuestra joven prisionera lo vio en el espejo, sintió algo mucho peor que el dolor ya conocido por la soledad. Una vieja sensación de derrota la invadió y creyó oír una vocecilla cruel que le susurraba en el oído lo que ella en realidad ya sabía: que hasta el amor le estaba prohibido.
Era tal el dolor que experimentó que no pudo evitar mirar por la ventana. En ese momento, el espejo se rompió en mil pedazos y supo que la maldición acababa de caer sobre ella.
Entonces ella levantó la mirada de su viejo tapiz y dijo:
                                     <<Estoy harta de tejer sombras>>
Antes de que las lágrimas arrasaran sus ojos, cogió su telar sin terminar y abandonó la torre.
Junto a la orilla encontró una pequeña barca y sin dudarlo se hizo a la mar. Tenía pensado navegar hasta Camelot hasta que le fuera posible.
 
La maldición no la había abandonado, pero mientras le quedaran fuerzas tenía decidido no volver a esconderse nunca. No volvería a ocultarse tras un espejo para ver vivir a los demás mientras ella permanecía en silencio.
Durante el trayecto, algunos pescadores aseguran que la vieron, con expresión triste y los brazos caídos sobre el agua como en señal de rendición. Aunque otros interpretaron ese gesto como una súplica silenciosa para que la maldición la concediera algo más de tiempo.
Su gran tapiz caía por los bordes de la embarcación y se deshacía. Las velas que usaba para alumbrar su camino fueron apagándose a medida que se alejaba de su isla.
Cuando por fin la embarcación llegó a Camelot, encontraron a la doncella muerta y su tapiz totalmente deshecho.
 
 
 

 

lunes, 29 de julio de 2013

¡Hola queridos lectores! Hoy voy a dejaros un cuento de Helen Buckley, una historia que me encanta por lo relacionado con mi profesión, que es Educadora Infantil. Espero que os haga reflexionar y que os guste =)


Una vez el pequeño niño fue a la escuela. Era muy pequeñito y la escuela muy grande. Pero cuando el pequeño niño descubrió que podía ir a su clase con sólo entrar por la puerta del frente, se sintió feliz.
Una mañana, estando el pequeño niño en la escuela, su maestra dijo: Hoy vamos a hacer un dibujo. Qué bueno- pensó el niño, a él le gustaba mucho dibujar, él podía hacer muchas cosas: leones y tigres, gallinas y vacas, trenes y botes. Sacó su caja de colores y comenzó a dibujar.
Pero la maestra dijo: - Esperen, no es hora de empezar, y ella esperó a que todos estuvieran preparados. Ahora, dijo la maestra, vamos a dibujar flores. ¡Qué bueno! - pensó el niño, - me gusta mucho dibujar flores, y empezó a dibujar preciosas flores con sus colores.
Pero la maestra dijo: - Esperen, yo les enseñaré cómo, y dibujó una flor roja con un tallo verde. El pequeño miró la flor de la maestra y después miró la suya, a él le gustaba más su flor que la de la maestra, pero no dijo nada y comenzó a dibujar una flor roja con un tallo verde igual a la de su maestra.
Otro día cuando el pequeño niño entraba a su clase, la maestra dijo: Hoy vamos a hacer algo con barro. ¡Qué bueno! pensó el niño, me gusta mucho el barro. Él podía hacer muchas cosas con el barro: serpientes y elefantes, ratones y muñecos, camiones y carros y comenzó a estirar su bola de barro.
Pero la maestra dijo: - Esperen, no es hora de comenzar y luego esperó a que todos estuvieran preparados. Ahora, dijo la maestra, vamos a moldear un plato. ¡Qué bueno! pensó el niño. A mí me gusta mucho hacer platos y comenzó a construir platos de distintas formas y tamaños.
Pero la maestra dijo: -Esperen, yo les enseñaré cómo y ella les enseñó a todos cómo hacer un profundo plato. -Aquí tienen, dijo la maestra, ahora pueden comenzar. El pequeño niño miró el plato de la maestra y después miró el suyo. A él le gustaba más su plato, pero no dijo nada y comenzó a hacer uno igual al de su maestra.
Y muy pronto el pequeño niño aprendió a esperar y mirar, a hacer cosas iguales a las de su maestra y dejó de hacer cosas que surgían de sus propias ideas.
Ocurrió que un día, su familia, se mudó a otra casa y el pequeño comenzó a ir a otra escuela. En su primer día de clase, la maestra dijo: Hoy vamos a hacer un dibujo. Qué bueno pensó el pequeño niño y esperó que la maestra le dijera qué hacer.
Pero la maestra no dijo nada, sólo caminaba dentro del salón. Cuando llegó hasta el pequeño niño ella dijo: ¿No quieres empezar tu dibujo? Sí, dijo el pequeño ¿qué vamos a hacer? No sé hasta que tú no lo hagas, dijo la maestra. ¿Y cómo lo hago? - preguntó. Como tú quieras contestó. ¿Y de cualquier color? De cualquier color dijo la maestra. Si todos hacemos el mismo dibujo y usamos los mismos colores, ¿cómo voy a saber cuál es cuál y quién lo hizo? Yo no sé, dijo el pequeño niño, y comenzó a dibujar una flor roja con el tallo verde.


A veces no nos damos cuenta de que no dejamos a los niños ser ellos mismos, no les damos la oportunidad de mostrar su manera de ver el mundo y de sacar fuera toda esa creatividad que tienen. ¿Por qué las cosas tienen que ser como nosotros creemos que son? Si le damos la oportunidad a un niño de mostrarnos lo que es capaz de hacer ahora, quién sabe lo que ese niño será capaz de hacer cuando sea adulto. 

¡Comentad si os ha gustado!




domingo, 7 de julio de 2013

Ródope y Pies de Loto


¡Calurosos saludos visitantes!
Ha llegado un nuevo domingo y nueva lectura. Ya sabéis que yo, Ayi, os traigo a esta sección versiones desconocidas que fueron el origen de nuestros queridos cuentos infantiles. Y hoy voy a hablaros de La Cenicienta porque sé que es el cuento favorito de alguien muy importante para mí.
Todos conocemos la historia de Cenicienta, o mejor dicho, conocemos el cuento que Perrault incluyó en su colección <<Cuentos de mama ganso>> y que después Disney explotó  para hacer su famosa película de dibujos.


 
 
¡Pero no es la única versión ni mucho menos! Hay muchas otras repartidas por todo el mundo. La que más se parece a la de Perrault, fue la que escribieron los hermanos Grimm. Sólo presenta ligeras variaciones como por ejemplo que en lugar de hada madrina, es una paloma mágica quien le da a Cenicienta los vestidos y los zapatos de oro. Y digo vestidos, porque, según los Grimm, Cenicienta asiste a tres bailes y no a uno. Al final del tercero, el príncipe, que había estado con Ceni las tres noches y no quería que volviera a huir, llena el suelo del castillo de pegamento (como veis, el príncipe de los Grimm tenía más iniciativa que el de Perrault, aunque no más inteligencia) y ahí es donde se queda pegado el zapato.  El final es un poco más gore que el de Perrault, pues cuando el príncipe busca a Ceni y llega a la casa de las hermanastras, éstas llegan incluso a mutilarse los pies para poder ponerse el zapatito. Por suerte, la paloma avisa al príncipe de la artimaña para que no se vaya con ellas (de nuevo, podéis ver lo avispado que era este principito) y acaba casándose con la heroína.
Pero yo me he remontado mucho más atrás en busca de sus orígenes y de entre las numerosas versiones que encontré, he decidido relataros las dos que más me han gustado y donde aparecen varios elementos que después se incluirían en las versiones actuales del cuento. Espero que os guste.




 
  La primera es, creo, la más antigua y proviene de Egipto.

 La leyenda de Ródope.



Erase una vez en Egipto, una muchacha llamada Ródope.
Ródope había nacido en Grecia, pero de niña había sido secuestrada por unos piratas que después la vendieron como esclava a las orillas del Nilo a un egipcio que tenía una gran casa al otro lado del río cuidada por un número sospechosamente alto de sirvientas.
Éste era, a pesar de todo, un buen hombre, si acaso era un pelín perezoso, pues se pasaba los días durmiendo bajo un árbol (motivo por el cual necesitaba tantas sirvientas) y no se daba cuenta de que el resto de siervas eran muy malas con Ródope (Se podría decir que como era la nueva le hacían "mobbing") debido a lo diferente que era a ellas. Mientras que las otras tenían el cabello liso y negro, los ojos castaños y la piel morena; Ródope tenía largos tirabuzones rubios, los ojos verdes y la piel pálida que cada día el sol enrojecía. Por eso todas se burlaban de ella llamándola "mejillas sonrojadas". Pero no os dejéis engañar por lo simple del insulto, aparte de eso, la cargaban a ella con todo el trabajo de la casa y Ródope sólo contaba con el consuelo de la compañía de ciertos animales que vivían junto al río, para los que a veces cantaba y bailaba.
Un atardecer, su amo oyó el canto de la esclava y se despertó. Siguió la dulce melodía hasta la orilla del río y quedó fascinado al ver el modo en que la chica bailaba y giraba de un casi tan ligera como el viento y le gustó tanto lo que vio, que le regaló un par de sandalias muy especiales hechas a mano, de color rojo brillante y la suela de cuero. Como imaginareis, esto no ayudó precisamente a que Ródope ganara popularidad entre sus compañeras.
Un día, llegó a la casa la noticia de que el Faraón estaba de visita en Menfis y que en su honor, se celebraría una gran fiesta a la que estaban invitados todos los habitantes de Egipto. Todas las sirvientes se vistieron con sus mejores galas, incluida Ródope. Pero cuando estaban a punto de partir, las sirvientas celosas engañaron a Ródope y se marcharon sin ella en la última barca, a través del río. La esclava intentó seguirlas, pero sólo consiguió empaparse sus queridas sandalias, así que con tristeza y frustración las puso a secar al sol de la tarde. Cuando de pronto, el cielo se oscureció de golpe y de él salió un majestuoso halcón que descendió en picado sobre las sandalias y se llevó una en sus garras. Ródope se asustó y sólo cuando el pájaro se hubo marchado, se acercó a recoger la otra sandalia.
En Menfis, el Faraón observaba la fiesta desde su trono, muy, muy, muy aburrido. De repente, un halcón entró por la ventana y dejó caer sobre su regazo la sandalia. El Faraón la sostuvo en sus manos, observándola con atención pues sabía que era algo importante, ya que había identificado al halcón como una reencarnación del dios Horus. Por lo que decidió buscar a la dueña del calzado y convertirla en su esposa.
Después de rastrear todo su territorio, embarcó en uno de sus navíos para recorrer el curso del río, parando en cada orilla en la que habitaba alguna doncella. Así fue como llegó a la gran casa de las sirvientas. Éstas reconocieron enseguida la sandalia y obligaron a Ródope a esconderse entre los juncos del río y una a una se intentaron probar la sandalia, sin que ninguna lograra ponérsela. Justo cuando el Faraón se iba, descubrió a la chica que se ocultaba entre los juncos y la pidió que se probara la zapatilla. Ródope no sólo se la probó, sino que también sacó su propia sandalia y al ponérselas, el Faraón anunció que se casaría con ella. Las sirvientas, muertas de envidia, protestaron alegando que Ródope no era más que una esclava y que ni siquiera era egipcia. Pero el Faraón las calló diciendo:
-Es la más egipcia de todas, pues sus ojos son verdes como el Nilo, su cabello tan plumoso como el papiro y su piel tan rosada como la flor de loto.-
Y se casó con ella.

Menuda respuesta ¿Eh?
Para terminar os dejo la versión china que he encontrado. Espero que os haya gustado este pequeño viaje a través de la historia de la Cenicienta. Dejadme algún comentario y decidme cuál es vuestra versión favorita.
Nos veremos pronto para desentrañar los orígenes de más cuentos. ¡Hasta la próxima!

 La leyenda de Pies de Loto

 
Esta versión se desarrolla en China durante la dinastía T'ang, un período durante el cual un hombre podía casarse con varias mujeres.
Un hombre llamado Wu tenía dos esposas y una hija con cada una. Pero una de ellas enfermó y acabó muriendo de modo que su hijita quedó a merced de la otra mujer, que la odiaba porque era más hermosa que su propia hija. A espaldas de Wu, la mujer convirtió a la huérfana en una sirvienta: le arrebató todas sus posesiones y la hacía trabajar muy duro cada día. Pero no contenta con eso, mientras realizaba todas las tareas domésticas la obligaba a llevar puestos unos diminutos zapatitos y con el paso del tiempo, sus propios pies se volvieron increíblemente pequeños; y por eso todos empezaron a llamarla "Pies de Loto".
Un día en el que Pies de Loto lavaba la ropa en un estanque, se le apareció un hermoso pez dorado, de enormes ojos y que podía hablar; por lo que se convirtió en el único y más querido amigo de la chica. Pero su madrastra lo descubrió y cuando la escuchó hablando con el pez se dio cuenta de que éste era en realidad la reencarnación de la madre de Pies de Loto, a la que ella, junto a su fea hija, habían envenenado para que muriera. Una vez más, esta terrible mujer ideó un plan para mortificar a su hijastra: a la mañana siguiente se puso las sucias y viejas ropas de Pies de Loto y acudió al estanque. El pez, creyendo que se trataba de la dulce huérfana, salió a su encuentro confiado y en cuanto asomó la cabeza fuera del agua, la madrastra lo agarró, se lo llevó a la casa, lo cocinó y lo sirvió de cena al resto de la familia.
Pies de Loto se entristeció tanto al descubrirlo que abandonó la casa en plena noche y regresó al estanque vacío. Mientras lloraba la injusta muerte de su amigo, apareció una anciana sabia que dijo conocerla y saber todo lo que había pasado. Le dijo que volviera a casa y buscara los restos del pez para ocultarlos en un sitio seguro. Al tratarse de un pez mágico, sus restos también lo serían y si algún día necesitaba ayuda, lo único que tenía que hacer era pedir un deseo a los restos y los espíritus lo harían realidad. Pies de loto obedeció y ocultó los restos de su amigo en un lugar donde ni su madrastra ni su hermanastra pudieran encontrarlos.
El tiempo pasó y a la casa de la familia llegó una gran noticia: para celebrar el año nuevo chino se había organizado una fiesta en el pueblo a la que estaban invitados todos sus habitantes. Era una fiesta a la que acudirían los mercaderes más ricos del lugar y las jovencitas vestirían sus mejores ropas con la intención de atraer la atención de alguno de ellos.
Tanta la madrastra como su hija se prepararon para tal evento, pero sabiendo que la presencia de Pies de Loto eclipsaría a su fea hija, la madrastra la obligó a quedarse en casa. Cuando éstas se marcharon a la fiesta, Pies de Loto pidió ayuda a los restos del pez y los espíritus respondieron convirtiendo sus harapos en un precioso vestido azul y adornando sus pies con un par de zapatitos de oro.
Así vestida, Pies de Loto acudió a la fiesta donde causó sensación entre los jóvenes comerciantes. Por desgracia, fue tal el revuelo que armó en la fiesta que la madrastra, curiosa, se le acercó para ver de quien se trataba y no tardó en reconocer a su hijastra. Cuando Pies de Loto se dio cuenta de que había sido descubierta, echa a correr tan rápido que en su huida perdió uno de sus zapatitos.
Al llegar a casa el hechizo se rompió: sus ropas se desvanecieron y los restos del pez desaparecieron. Pero le quedó el otro zapatito como recuerdo de la fiesta.
El zapatito perdido cayó en las avariciosas manos de un mercador que pasó días y días buscando a un comprador digno de tan impresionante calzado. Finalmente, fue el príncipe quien compró el zapato después de caer fascinado por su belleza y cuando por fin lo obtuvo, no pudo dejar de imaginar a la gran dama a la que habría pertenecido, así que se propuso recorrer el país hasta dar con ella.
No tardó mucho en aparecer en la casa de Pies de Loto preguntando por todas las doncellas que allí vivían. La madrastra encerró a Pies de Loto en una habitación y presentó a su hija como la única doncella de la casa. Aunque ésta intentó ponerse el zapato, su pie era demasiado grande; pero su madre estaba tan desesperada porque el príncipe eligiera a su hija que le ordenó que se cortara tres dedos, de modo que el pie por fin le entró en el zapatito. Lógicamente, el príncipe se dio cuenta del engaño y se marchó.
La estancia de Pies de Loto en aquella casa era cada vez más insoportable. Sin su madre y sin su amigo el pez, todo lo que le quedaba era un triste zapatito de oro para recordar tiempos mejores, así que, una noche se coló en el castillo del príncipe dispuesta a recuperar el otro. Sin embargo, los guardias la descubrieron y la llevaron ante el monarca. Ella le explicó que ese zapato le pertenecía, pero él no la creyó al ver los harapos que vestía, hasta que Pies de Loto sacó el otro zapatito. Cuando se hubo calzado los dos, sus ropas se transformaron de nuevo en el vestido azul y el príncipe se enamoró de ella a primera vista y le pidió que se casara con él. Pies de Loto aceptó y vivió para siempre feliz con su príncipe en el castillo.
Y como castigo para la madrastra y su hija por intentar engañar a un monarca, fueron condenadas a vivir para siempre en una oscura cueva que acabó derrumbándose con ellas dentro al estallar una lluvia mágica de rocas.
¡Hasta la próxima!

 
 






lunes, 10 de junio de 2013

¡Hola queridos lectores! Hoy voy a compartir con vosotros otro de esos cuentos que al leerlos me han sacado una sonrisa y a veces, una lágrima. Es un pequeño cuento de Paulo Coelho, escritor brasileño que me encanta. Aquí os lo dejo:

    
                                      La nube y la duna
   
    Una joven nube nació en medio de una gran tempestad en el mar Mediterráneo. Pero casi no tuvo tiempo de crecer allí, pues un fuerte viento empujó a todas las nubes en dirección a África.

     No bien llegaron al continente, el clima cambió: un sol generoso brillaba en el cielo y abajo se extendía la arena dorada del desierto dell Sahara. El viento las continuó empujando en dirección a los bosques del sur, ya que en el desierto casi no llueve.
     Entretanto, así como sucede con los jóvenes humanos, también sucede con las jóvenes nubes: la nuestra decidió desgarrarse de sus padres y de sus más viejos amigos para conocer el mundo.
     -¿Qué estás haciendo? - protestó el viento. - ¡El desierto es todo igual! ¡Regresa a la formación y vayamos hasta el centro de África, donde existen montañas y árboles deslumbrantes!
     Pero la joven nube, rebelde por naturaleza, no obedeció. Poco a poco fue bajando de altitud hasta conseguir planear en una brisa suave, generosa, cerca de las arenas doradas. Después de pasear mucho, se dio cuenta de que una de las dunas le estaba sonriendo.
     Vio que ella también era joven, recién formada por el viento que acababa de pasar. Y al momento se enamoró de su cabellera dorada.
     - Buenos días - dijo. - ¿Cómo se vive allá abajo?

     - Tengo la compañía de las otras dunas, del sol, del viento y de las caravanas que de vez en cuando pasan por aquí. A veces hace mucho calor, pero se puede aguantar. ¿Y cómo es vivir allí arriba?

     -También existen el viento y el sol, pero la ventaja es que puedo pasear por el cielo y conocer muchas cosas.

     - Para mí la vida es corta - dijo la duna. - cuando el viento vuelva de las selvas, desapareceré,

     - ¿Y esto te entristece?

     - Me da la impresión de que no sirvo para nada.
     - Yo también siento lo mismo. En cuanto pase un viento nuevo, iré hacia el sur y me transformaré en lluvia. Mientras tanto, éste es mi destino.

     La duna vaciló un poco, pero terminó diciendo:

     - ¿Sabes que aquí en el desierto decimos que la lluvia es el Paraíso?

     - No sabía que podía transformarme en algo tan importante - dijo la nube, orgullosa.

     - Ya escuché varias leyendas contadas por viejas dunas. Ellas dicen que, después de la lluvia, quedamos cubiertas por hierbas y flores. Pero yo nunca sabré lo que es eso, porque en el desierto es muy difícil que llueva.

     Ahora fue la nube la que vaciló. Pero enseguida volvió a abrir su amplia sonrisa:
     - Si quieres, puedo cubrirte de lluvia. Aunque acabo de llegar, me he enamorado de ti, y me gustaría quedarme aquí para siempre.

     - Cuando te vi por primera vez en el cielo también me enamoré - dijo la duna. - Pero si tú transformas tu linda cabellera blanca en lluvia, terminarás muriendo.

     - El amor nunca muere - dijo la nube.- Se transforma. Y yo quiero mostrarte el Paraíso.
     Y comenzó a acariciar a la duna con pequeñas gotas. Así permanecieron juntas mucho tiempo hasta que apareció un arco iris.
     Al día siguiente, la pequeña duna estaba cubierta de flores. Otras nubes que pasaban en dirección a África pensaban que allí estaba la parte de bosque que estaban buscando, y soltaban más lluvia. Veinte años después, la duna se había transformado en un oasis, que refrescaba a los viajeros con la sombra de sus árboles.
     Todo porque, un día, una nube enamorada no había tenido miedo de dar su vida por amor.


¿Os ha gustado? Si es así no olvidéis dejar un comentario y sobretodo leer más cosas de este autor. Y si no os ha gustado también podéis dejar un comentario =)
 

domingo, 12 de mayo de 2013

Sol, Luna y Talía.

¡Saludos visitantes!
Ha llegado mi turno para compartir con vosotros alguna lectura que me haya parecido interesante o especial y ¡Aquí está!
Tenía pensado colgar los cuentos clásicos (ya sabéis: blancanieves, la cenicienta, caperucita roja...) pero las versiones de los hermanos Grimm o Charles Perrault, pero estoy segura que las conocéis de sobra, no sólo porque os las hayan leído vuestros papis, sino porque Disney y alguna otra productora de cine se han encargado de explotarlos bastante bien.
Lo que a lo mejor no sabéis es que Disney tomó y manipuló esos cuentos de las versiones de los Grimm, quienes ya se habían tomado la molestia de suavizar MUY Y MUCHO versiones aún más antiguas y oscuras de esos cuentos (y que no eran, en ningún caso aptos para los niños).
Pero como en este blog no somos nada impresionables, he estado buscando algunas de esas viejas y oscuras versiones para que descubráis cuánto hay que agradecer a los Grimm.
Voy a comenzar con: "Sol, Luna y Talía". Es un antiguo cuento napolitano de 1836 de un tal Giambattista Basile y que según parece fue el origen del cuento de la Bella Durmiente del Bosque. Por internet he encontrado varias versiones del cuento que difieren en pequeños detalles, así que os lo he escrito reuniendo los puntos más importantes y lo he suavizado un poco.
Espero que os guste.




Sol, Luna y Talía.

Erase una vez, en un reino muy, muy, muy lejano (del sitio desde el que os cuento esta historia) donde vivían un rey y una reina que acababan de tener una hija a la que llamaron Talía.
Como suele ocurrir en estos reinos de cuento, el rey organizó una gran celebración por el nacimiento de su hijita que además resultó ser el bebé más hermoso y encantador que jamás se había visto por aquella corte. Mas ocurrió que los sabios y adivinos del rey, que habían estado vigilando el porvenir de Talía, le advirtieron que debía tener cuidado con el lino y el cáñamo, pues una de esas plantas causaría la muerte de la joven princesa.
Así que el rey dictaminó que, desde ese mismo instante, tanto el lino como el cáñamo estaban totalmente prohibidos en su reino. Y como era el rey nadie le pidió demasiadas explicaciones por haber dejado sin trabajo a un sinfín de agricultores, recolectores, comerciantes, etc.
Los años pasaron y el rey estaba tan orgulloso de su idea que perdió el miedo. Y decidió no hablarle a Talía de lo que sabía acerca de su destino, así que la niña creció tranquila y feliz.
Un día, cuando Talía contaba ya con veinte años, paseando por las afueras de su reino se encontró con la típica anciana de los cuentos que queriendo o no, están ahí para traerle problemas a la protagonista. Esta ancianita en concreto, debido a su avanzada edad no se había enterado de la prohibición del rey con respecto a ciertas plantas, o puede que simplemente pensara que aquello no iba con ella. El caso es que Talía se la encontró con su vieja rueca hilando un poco de lino y un poco cáñamo mientras pasaba la tarde. Y claro, cuando la joven vio ese extraño artefacto que era capaz de convertir esas plantas en ropa, ella quiso intentarlo también. Y todo el mundo sabe que a una princesa no se le puede decir que no.
Así que la princesita ocupó el asiento de la anciana y se puso a hilar. ¿Y qué pasó? Pues que tal y como los sabios habían predicho, una diminuta brizna de esas plantas salió disparada de la rueca y se clavó bajo una uña de uno de los dedos de Talía que cayó dormida al instante.
Pero no murió. Sólo cayó dormida en un sueño preocupantemente profundo. Al menos eso sirvió para aplacar las ansias de venganza del rey contra su ejército de adivinos, pues no entendía cómo era posible que después de veinte años vigilando el futuro de la chica, ninguno lo hubiese visto venir. Ellos, quizás un poco para salvar su propio pellejo, aconsejaron al rey que preparara una habitación donde la princesa pudiera reposar, pues algún día alguien encontraría el modo de despertarla.
Y así lo hizo el rey. Dejó a su hijita durmiendo plácidamente en un cuarto de la torre más alta de su castillo. Y el tiempo siguió pasando.
Un día, un joven rey de un reino vecino que andaba por allí cazando, pasó muy cerca del castillo de Talía, tanto que el halcón que iba persiguiendo se coló por la ventana de la torre.
Debía ser uno de esos días en los que todo el mundo de ese castillo andaba muy ocupado... en otra parte, porque el rey, que se decidió a entrar, lo encontró totalmente desierto. Así que se dedicó a recorrerlo guiado por su curiosidad, y acabó subiendo a la torre más alta, donde encontró a Talía dormida.
A pesar de los años, su belleza y encanto se habían mantenido imperturbables y cuando el rey la vio, quedo fascinado. Fue tal la fascinación que sintió, que no pudo resistir un oscuro deseo que se apoderó de él y acabó manteniendo relaciones sexuales con Talía. Sí, a pesar del evidente inconveniente de que ella seguía dormida (supongo que a todos se nos viene a la mente la misma horrible palabra).
El rey se marchó y nadie del castillo supo lo que había ocurrido hasta que nueve meses después, aún inconsciente, Talía dio a luz dos bebés: Un niño al que llamaron Sol y una niña a la que llamaron Luna.


Las doncellas que, en teoría, debían velar por la princesa (y que obviamente no habían hecho un buen trabajo) se dedicaron entonces a cuidar de los bebés, con un poquito más de atención y profesionalidad, aunque tampoco tanto, para qué nos vamos a engañar. Pues un día, colocaron a Sol sobre su mamá para que se alimentara y le dejaron allí solo. El niño, hambriento, no era capaz de alcanzar el pecho de su madre, así que, en lugar de eso, le chupó un dedo. Justo el dedo en el que aún estaba clavada esa brizna maldita. Y gracias a que Sol chupó, logró sacársela y Talía despertó por fin.
Aunque le llevó a algún tiempo hacerse a la idea de haberse quedado dormida siendo doncella y despertar convertida en madre de dos criaturas, lo que tiene ser protagonista es que tienes que echar mano de una incomparable capacidad de aceptación (y todo ese rollo de los limones y la limonada) para seguir adelante con tu cuento pese a las dificultades. Ayudó que los bebés eran monísimos.
En el reino vecino, el rey pervertido recordaba una y otra vez su encuentro con Talía y ansiaba verla de nuevo, así que dejó su palacio y acudió en su busca. Pero ¡Sorpresa, sorpresa! Talía estaba despierta y había tenido dos hijos. No obstante, eso no amilanó al rey que se presentó y tras admitir lo que le había hecho estando ella dormida, afirmó ser el padre de los pequeños.
Y, sorprendentemente, en lugar de enfadarse, horrorizarse o mandar que le cortaran la cabeza (y lo que no es la cabeza), Talía le permitió quedarse para conocer a los niños. Ni que decir tiene que debía ser un rey muy, muy, muy, muy guapo porque Talía fue capaz de olvidarlo todo y acabó por enamorarse de él. Y él de ella, claro.
Por desgracia aún quedaba un secretillo que el rey no había mencionado, seguramente para no preocupar a la buena de Talía y es que ya había una reina esperándole en su palacio. Él ya no la amaba, había sido un matrimonio por conveniencia y la mujer, que se había ido volviendo más y más desagradable con los años, ni siquiera le había podido dar hijos. Aún así, el rey debía volver junto a ella, por una cuestión de honor y por temas de custodia del palacio.
Al final, regresó a su reino. Mas no era feliz pues echaba mucho de menos a su otra familia, incluso soñaba con ellos por las noches. Una de esas noches, además, le dio por hablar de ellos en sueños y la reina, que sufría insomnio por lo aburrida que era su vida, lo oyó todo.
El disgusto y la sorpresa que se llevó la mujer fueron impresionantes y a escondidas del rey, ordenó a sus soldados que trajeran ante ella a esos niños bastardos. Y claro, cuando los vio tan monos y regordetes (teniendo en cuenta que ella no había podido ser madre) su indignación y su odio alcanzaron cotas insuperables. Mandó llamar al cocinero real y le ordenó que los matara para hacer con su carne un guiso que después le dio a comer al rey.
Justo en el momento en que el rey se acababa el plato, la reina le gritó: "¡Ja! ¡Acabas de comerte tu sangre y tu carne!" El rey estuvo a punto de perder el juicio cuando entendió el significado de aquellas palabras.
Y no contenta con semejante crueldad, la reina ordenó que apresaran a Talía y la trajeran ante ella. Una vez que la tuvo en sus manos, planeó quemarla viva por bruja, pues había hechizado a su marido.
La ató en una pira y encendió el fuego a sus pies.  Entonces, cuando Talía estaba a punto de morir, el rey apareció y empujó a la reina al fuego para salvar a su autentico amor.
Cuando la reina hubo muerto, el rey quiso casarse con Talía, quien a pesar de la pena por la muerte de sus hijos, aceptó al rey.
Pero aún quedaba una sorpresa: el cocinero real había visto a los niños tan guapos e inocentes que no había tenido el suficiente valor para matarlos y había engañado a la reina con un simple guiso de carne de cabra.
Así que al final, Talía se casó con su rey y vivieron felices con sus niños preciosos en el reino, por siempre jamás.



FIN.
Bueno, esta es la historia.
Espero que os haya gustado lo suficiente como para dejarme un comentario con vuestra opinión. También podéis dejarlo si os ha gustado sólo a medias.
¡Hasta la próxima lectura!^^
 

domingo, 14 de abril de 2013

Estreno esta sección con un cuento que leí hace tiempo y me gustó un montón, así que aquí lo comparto con vosotros ^^  


                                                El precio más alto


jueves, 11 de abril de 2013

Otras Lecturas

 
 


Bienvenidos a la sección Otras Lecturas.
Aquí iremos subiendo regularmente cuentos, leyendas, poemas, etc de otros autores que nos gusten especialmente para compartirlos con todos nuestros seguidores.
Podéis comentar y dar vuestra opinión o incluso recomendarnos algún texto que sea especial para vosotros.
Esperamos que os gusten ^^