jueves, 13 de junio de 2013

Corte 4

¡Hola de nuevo, visitantes!
Bienvenidos a la nueva entrega de <<Cortes>>. ¿Recordáis la tensión del último corte? Seguro que estáis deseando conocer la continuación, así que no os haré esperar más.
¡Espero que os guste!


Corte 4: La discoteca.

Lucia se quedó en la discoteca como Rumi le había pedido. No obstante, su amiga no había tardado ni dos segundos en desaparecer tras el humo que envolvía la pista de baile dejándola sola.

Así que allí estaba. Sola. Estaba completamente sola.

Se arrastró hasta una de las pocas y diminutas mesas que había amontonadas a un lado de la sala, allí donde ni siquiera llegaban las luces de los focos. No había nadie más que ella en esa zona. Todos los demás jóvenes bailaban sin parar de reír en la pista de baile donde no había espacio para ella.

La pista parecía vibrar por sí misma al son de la música potente y escandalosa que se clavaba en sus oídos como un pitido agudo. Lucia contempló a todas esas personas moviéndose, retorciéndose y vio los cuerpos sudorosos frotándose unos con otros en una danza que parecía consumirlos poco a poco.

Las luces se movían recorriendo la pista e iluminando un rostro, una mano apretada a otra, una camisa empapada en sudor o simplemente levantaba sombras de figuras extrañas sobre el humo que flotaba por encima de sus cabezas.

Lucia sentía en su piel el calor. Ese aire seco y a la vez húmedo que procedente de ellos revoloteaba hasta donde ella estaba y se pegaba a sus brazos, a sus mejillas y a su cuello. Intentaba apartarse el pelo para alejar esa sensación agobiante y ese olor nauseabundo que lo acompañaba.

Desvió la mirada hacia la mesa en busca de algo para beber que la refrescara, pero todo lo que había allí era alcohol. No había nada para ella.

¿Por qué estaba allí?

Heiji se había ido. Estaba tan enfadado que seguramente ahora la odiaba. Tal vez no querría verla nunca más. ¿Qué iba a hacer ahora? No sólo se había quedado sola, si no que estaba atrapada. No tenía el dinero suficiente para parar el embarazo. Así que pronto no sólo Heiji, sino que también su padre la odiaría.

Suspiró y apoyó las manos en la mesa, pero estaba tan sucia que se le quedaron pegadas. Mientras intentaba despegarlas y limpiarse a un pañuelo, alguien salió de la pista dando tumbos y se acercó a su mesa.

Era una de las amigas de Rumi. Caminaba sin poder mantener un rumbo recto, con los ojos hundidos y la cabeza tan baja que el flequillo ocultaba su mirada. A Lucia le resultó familiar pero no supo dónde la había visto antes, seguramente en el instituto.

La chica logró sentarse en una de las sillas altas de la mesa y sin decir nada, unió los restos de bebidas que quedaban en los vasos en uno solo y se lo bebió casi sin respirar.

Lucia la observó en silencio hasta que la chica soltó el vaso y se cruzó de brazos. Entonces, pudo ver que los ojos de la chica brillaban… aunque no con pena, sino con una ira profunda y penetrante.

Aún así Lucia, le preguntó:

-¿Estás bien?- La chica la miró como si acabara de darse cuenta de que estaba allí. Asintió de forma exagerada como si no pudiera controlar del todo su cabeza. –Pareces un poco… alterada.-

-¿Alterada? ¿Yo? ¡No! ¿Por qué?- arrastraba las palabras y paladeaba las sílabas con dificultad.-Odio a los hombres-

-¿Ah sí? ¿Por qué?-

-Porque yo no les gusto. Creía que el problema era mío pero…  todos los hombres son basura.-

Lucia se balanceó en la silla.

-¿Qué ha pasado?- preguntó.

-Rumi y yo hemos quedado con unos amigos suyos hoy. Hemos pasado toda la tarde juntos y… había un chico muy… muy… muy… simpático y guapo. Me gustaba ¿Sabes?- Lucia asintió y la chica respiró mientras miraba hacia la pista de baile.- Y yo creía que también le gustaba. Durante toda la tarde me hablaba, me hacía reír y me miraba… él me miraba todo el rato, sólo a mí.-

-¿Y cuál es el problema?-

La chica señaló hacia la pista. Lucia no era capaz de distinguir nada en ese amasijo de gente que se movía a la vez, pero logró identificar a Rumi entre ellos cuando la luz de un foco incidió sobre ella. Estaba entre los brazos de un japonés alto de cabello oscuro y sonrisa sinuosa. Él la rodeaba y de vez en cuando la besaba. Rumi se pegaba a él casi con urgencia.

-Ese es el chico- explicó la chica que tenía delante.- Y esa es mi mejor amiga. ¡Pero no es su culpa! Siempre es así… ellos me hablan y me miran, pero después se van con otra.-Lucia la miró. La chica jugueteaba con el vaso vacío y una amarga sonrisa en su rostro.- Les gusta mi cuerpo y mi rostro pero después cuando conocen mi interior se largan.- Y se llevó el vaso a la boca para apurar una diminuta gota que quedaba.- No me extraña nada… ¿sabes?... tampoco le gusto a mi padre, así que…-

Lucia levantó la vista.

-¿Ah no?- preguntó, la chica se encogió de hombros.-Yo tampoco le gusto al mío… de hecho creo que mi padre me odia pero aún no se ha dado cuenta. Y siempre tengo mucho cuidado en no hacer nada que se lo demuestre. Y al final lo que ocurre es que… nunca soy yo misma cuando estoy con él. Intento ser lo que él quiere que sea.-

La chica parecía demasiado mareada como para entender lo que Lucia decía aunque no le importó demasiado. Lo había dicho más para ella que para la chica. Era la primera vez que hablaba de ello en voz alta y resultaba más claro y sencillo de comprender que cuando lo pensaba en silencio y mecía sus sentimientos al respecto.

Se dio cuenta de que era ese miedo a que su padre la odiara lo que la había empujado tan desesperadamente hacia la idea de abortar. Era ese miedo por no decepcionarle lo que le había hecho perder a Heiji. Porque era una egoísta.

No se había preocupado por lo que él pudiera pensar o sentir. No le había importado su opinión o sus creencias, sólo había pensado en sí misma.

Había herido a Heiji por salvar la relación con su padre. Una relación que, por otro lado, no tenía el más mínimo valor real. ¿Cómo había sido tan estúpida para dañar al único de los dos que realmente la amaba?

-Voy a vomitar- soltó la chica sacándola de sus pensamientos. Lucia la miró; la chica estaba pálida y se tapaba la boca como si aquello fuera inminente.- Discúlpame eh…-

-Lucia-

-Lucia-chan- le dijo la chica e hizo una pequeña reverencia al ponerse en pie, aunque eso debió marearla aún más.- Yo soy chizu.-

-Encantada-

Y la chica salió corriendo hacia las puertas de los servicios.

Lucia la siguió con la mirada a través de la oscuridad y el ruido y sintió al presentimiento dando puñetazos en las paredes de su estomago, reclamando su atención por primera vez desde que estaba allí.

Lucia se llevó una mano al vientre.

Debería irse. Una embarazada no debería estar en un sitio como ése. Se puso en pie y sacó el móvil antes de colgarse el bolso del brazo. Lo comprobó una vez más pero no tenía ninguna llamada.

Se colgó el abrigo y la bufanda también del brazo y cuando trataba de encontrar la salida con la mirada, le vio.

El corazón le dio un vuelco porque allí estaba él. Heiji. De pie, a unos cuantos metros y varias personas borrachas de distancia. La miraba fijamente, muy serio pero Lucia advirtió que ya no parecía tan enfadado. Aún así, no se atrevió a acercarse. Se quedó junto a la mesa, sosteniendo su mirada, queriendo adivinar que estaba pensando.

¿Había venido para romper con ella oficialmente? ¿Quería gritarle de nuevo? Estaba preparada para aceptar lo que fuera porque se lo merecía.

El presentimiento se detuvo, expectante y se hizo un nudo para no molestar.

Lucia no le quitaba los ojos de encima y vio como Heiji sacaba su móvil y se ponía a pulsar las teclas. Cuando terminó, levantó sus ojos serios hacia ella. Entonces, el móvil de Lucia se iluminó.

Lucia miró la pantalla. Heiji le había mandado un mensaje. Ella le miró extrañada pero él le hizo un gesto con la cabeza para que lo leyera. Las manos le temblaban mientras pulsaba las teclas.

 
Lo siento.
Tengo el dinero que faltaba.
 

Lucia tardó un poco entender lo que esas palabras significaban y cuando lo hizo, seguía sin comprender la situación. Volvió a mirar a Heiji, confusa, pero él ya estaba tecleando de nuevo en su móvil.

El móvil de Lucia se encendió de nuevo.

 
Tú eres lo más importante para mí.
 
El corazón de Lucia se hundió dolorosamente en su pecho. Le miró pero Heiji volvía a teclear.

 
Te quiero.

 
Lucia sintió como si cayera hacia atrás al ver la pantalla iluminada y esas dos palabras, grandes y fuertes en el centro. Las mariposas de su estomago la sostuvieron y la pusieron en pie de nuevo.

Guardó el móvil y miró a Heiji que había hecho lo mismo. Sus ojos se encontraron a través del jaleo y la música atronadora y Lucia vio la expresión de seriedad de Heiji desvanecerse y dar paso a su amplia sonrisa de emoción desbordante.

Lucia sintió que también sonreía sin darse cuenta y empezó a acercarse a él abriéndose paso entre la gente con un mano en el vientre a la que no dio importancia.

Heiji se quedó donde estaba observando cómo se acercaba y cuando estuvo a un par de pasos de él, abrió los brazos para recibirla. Se cobijó en sus brazos, en su pecho, en su hombro y sintió algo doloroso e intenso que se le hundía intentando hacerla llorar. Lucia consiguió aliviarlo soltando todo el aire que había retenido en su interior.

Se apartó un poco para mirarle y comprobó que ya no había nada, ni un mero rastro de enfado o de decepción en el rostro de Heiji. La miraba como siempre, con esos ojos claros y transparentes, alegres y cargados de amor. El alivio que sintió y la emoción eran como una descarga eléctrica que recorría su cuerpo y fue lo único que lo mantenía en pie.

-Heiji…- quiso decir algo, aunque su cabeza seguía en blanco.- Heiji yo también…- No podía elevar el tono de voz, apenas tenía fuerzas para gritar y aunque le hablara al oído, la fuerza de la música le impediría que la oyera. Le miró fijamente.- Yo también te quiero.-

La sonrisa de Heiji aumentó, aunque ya casi parecía imposible, como si la hubiese oído. Aunque tal vez sólo había adivinado sus palabras.

Levantó una mano y le rozó el perfil de la cara, desde la frente hasta la barbilla mientras escudriñaba su rostro.

Se inclinó sobre ella y la besó. Lucia alargó los brazos hacia su cuello y le abrazó.

El beso la elevó más allá de la música, de las voces, del calor hasta un lugar lejano donde nada podía entrometerse. Donde estaban solos los dos y ni siquiera el pequeño ente existía como una idea amenazadora.

Allí, todo brillaba y la música se había convertido en una melodía lenta y dulce que llenaba sus oídos.

Apoyó la barbilla en su hombro sin soltarle y trató de retener esa sensación de paz que había desterrado el miedo y la inseguridad, todo lo que le fuera posible. Cerró los ojos para sentir solo los brazos de Heiji a su alrededor, sujetándola y sosteniéndola.

Quiso dar gracias, aunque no sabía a quién, porque Heiji hubiese regresado con ella. Había estado a punto de perderle para siempre y todavía sentía que no se merecía tanta suerte. Pero decidió reservar esos pensamientos para más tarde y perderse en esos momentos de paz que pronto tendrían que acabar.

Bueno, visitantes, parece que las cosas empiezan a arreglarse para Lucía.
Si queréis saber qué pasará al final, sólo tenéis que esperar a mañana para conocer un poco más de los protagonistas. Sólo quedan tres cortes, así que el final se acerca.
No os olvidéis de comentar con vuestras opiniones.
¡Hasta la próxima!

miércoles, 12 de junio de 2013

Reseña PLAY


¡Feliz miércoles, visitantes!
Supongo que mi ausencia por esta sección habrá hecho pensar a muchos que ésta había cerrado, pero ¡No! La falta de reseñas no se ha debido a eso, ni tampoco ha sido porque no haya encontrado nada interesante que leer, más bien al contrario. Con la Feria del Libro de Madrid (la cual os vuelvo a recomendar que visitéis antes de que se vaya) tengo bastantes libros nuevos poniéndome ojitos desde la estantería y no sabía por dónde empezar.
Así que antes de tener que tomar tan difícil decisión, he decidido resucitar esta sección con la reseña de un libro muy recomendable que estuve leyendo antes de la Feria.
Se trata de PLAY de Javier Ruescas, un prometedor escritor español.

 
PLAY es la primera parte de una trilogía que narra las vidas de dos hermanos: Aarón y Leo Serafín en su travesía por el mundo de la música y la fama.
La historia comienza cuando Aarón regresa de sus vacaciones en el extranjero y descubre que, la que hasta entonces había sido su novia, ha sido elegida para encarnar a la protagonista de la nueva superproducción de Hollywood: ¡Castorfa! Sí, ella hace de una castora mágica... (un tema interesante que explicaré más tarde). Dalila, la novia de Aarón, desaparece del país rumbo a América para convertirse en una estrella, lo cual supone una gran sorpresa para el protagonista porque la chica no había tenido el detalle de comentárselo.  
Ese mismo día, Aarón recibe otra gran sorpresa: la vuelta de su hermano mayor Leo, quien años atrás había roto con su familia para viajar a Estados Unidos donde intentó hacerse famoso... con escaso éxito. Y ya de regreso en España, Leo continúa intentando alcanzar la fama y se le presenta una gran oportunidad cuando descubre en el ordenador unas canciones que su hermano pequeño ha compuesto y grabado y que no están nada mal. Leo llega a la conclusión de que su tímido hermano jamás dará a conocer su talento; así que se le ocurre la genial idea de grabarse así mismo haciendo playback e interpretando esas canciones. Después crea en youtube un canal llamado PLAY SERAFIN y las sube.
Como era esperable, cuando Aarón se entera, entra en cólera contra su hermano pero debido al éxito que sus canciones han tenido en internet, acaba aliándose con su hermano para mantener la falsa de PLAY SERAFIN, con la esperanza de dar a conocer su música y de que eso le reúna de nuevo con Dalila.
A partir de este momento, comienzan las aventuras de los hermanos Serafín y ya no cuento más.
Tras este "resumen" paso a dar mi opinión subjetiva, sincera y personal de lo que me pareció el libro. A diferencia de lo que me pasó con "Emma", éste libro sí me ha gustado (aclarado esto, podéis seguir leyendo).
En mi opinión, se trata de una historia muy original y que se desarrolla de un modo muy rápido y dinámico, tanto así que a veces me daba la impresión de estar viendo una película más que leyendo un libro (¿raro?). Constantemente están pasando cosas, así que la trama no para de avanzar.
Me resultó una lectura muy divertida, tanto por ciertos personajes (sobretodo Leo) como por elementos del argumento como la historia de Castorfa. Se supone que la película que Dalila va a hacer cuenta la historia de una adolescente que descubre que, en realidad, es una castora mágica que con sus poderes tiene que salvar la naturaleza. La idea de una chica vestida de castora salvando al mundo ya en sí, es graciosa. Pero es que yo no podía evitar imaginármela (ya sabéis que a veces mi mente creativa toma el control, véase la reseña anterior) desfilando por la alfombra roja, posando ante las cámaras y concediendo entrevistas también vestida de castora (¿lo imagináis?).
Por último destacaría, porque supongo que la dificultad debió ser muy grande, la solidez de las distintas personalidades de los dos protagonistas. El libro se divide en capítulos narrados en primera persona, intercalando las voces de Aarón y Leo, y a pesar de lo diferentes que son, están tan bien definidos y trabajados que consigue que ambos parezcan totalmente reales.
Si tuviera que hacer alguna crítica (¿Y por qué no? Si estamos en mi blog), me pareció que había una gran diferencia en ese aspecto con respecto a las figuras femeninas. Al leerlo, las distintas chicas que aparecían en la historia no me resultan igual de reales, era como si les faltara algo de profundidad o detalles característicos en su personalidad.
Bueno, ha llegado el momento más esperado (si algún día tengo más de un lector haré una encuesta para saber si éste es, realmente, el momento más esperado), el de desvelar quién ha sido elegido como personaje favorito. Y éste es...
 
 
¡Tonya! Y os estaréis preguntando ¿Quién es Tonya? Y si es tu prefe ¿Cómo es que no la has mencionado hasta ahora? Bueno, realmente Tonya no es un personaje como tal. Es una bola ocho a la que Leo confía todas las grandes decisiones de su vida. Precisamente por eso es la ganadora; por tener todas las respuestas y porque sin ella, puede que Leo no se hubiera atrevido a crear PLAY SERAFIN y no habría habido historia.
Pero para evitar acusaciones de tongo porque Tonya no sea un personaje real, otorgaré el segundo puesto a... ¡Leo!. Porque Leo mola, es capaz de hacerte reír hasta cuando se encuentra en las peores situaciones y a pesar de ir un poco de chulito, se le coge cariño.
Para terminar (¡por fin!) PLAY es un gran libro que augura una mejor trilogía: entretenido y divertido. Pero no tenéis que confiar sólo en mi palabra.
 


Hasta a mi conejito le gustó PLAY. No se me ocurre nada más convincente que esto, así que me despido. Esto ha sido todo por hoy. Espero que os haya gustado y si así ha sido ¡Comentad algo, por favor!

 PD: Ya tengo en mi poder SHOW, la segunda parte de PLAY, así que no tardaré en subir su reseña. Lo compré en la Feria del Libro de Madrid (¡a la que deberíais ir todos!) y conseguí la firma del autor, pero esa es otra historia que ya os contaré. ^^

 

 








Corte 3

¡Buenos días, visitantes!
Os traigo la tercera entrega de Cortes. Espero que os este gustando (al uno o dos que lo estéis leyendo, con suerte). La tensión se incrementa para Lucía y Heiji, así que si quieres saber qué van a hacer a partir de ahora, sigue leyendo.
Y no te olvides de comentar con tu opinión.


Corte 3: El dinero.


Sólo había una farola que iluminara todo el callejón y la bombilla no dejaba de parpadear. Se iba a apagar.

Lucia se frotó las manos. Había olvidado los guantes en casa y hacía un frío horrible. Traspasaba las finas medias y la falda y se colaba en sus huesos haciendo que no pudiera estarse quieta. Con cada respiración veía su propio vaho flotar delante de su nariz y resplandecer de forma lánguida con el reflejo de la luz rojiza del cartel fluorescente de la discoteca que tenían delante.

El cartel se encendía y se apagaba. Se encendía y se apagaba. Lucia podía imaginar el ruido que ese edificio escondía en su interior y por eso le sorprendía la quietud que gobernaba aquel callejón.

La luna no brillaba y la luz rojiza del cartel cubría el suelo con una triste tonalidad que lo hacía parecer todo más sucio y desagradable.

La oscuridad se extendía hacia las profundidades del callejón. Alcanzaba a ver un par de cubos de basura y cartones con manchas extrañas que compartía con el suelo. Lo único que rompía el silencio eran los ecos de los pasos de los transeúntes que a lo lejos caminaban sin reparar en las dos figuras que esperaban bajo la luz parpadeante.

Se tapó aún más con la bufanda y miró hacia la puerta que estaba apostada a uno de los lados del edificio.

¿Por qué tardaba tanto?

Heiji y ella habían quedado allí con Sawako, una prima de Rumi.

Rumi les había contado en confianza que Sawako había tenido el mismo problema que ellos hacia unos años y que había podido solucionarlo sin contratiempos. Lucia no tenía ni idea de qué hacer, así que le había pedido a Rumi que quedara con su prima para que pudieran hablar y les contara como había sido su caso.

Su prima también iba a ir a la discoteca donde ellos, Rumi y sus amigos habían quedado. Y había aceptado verles, por eso la esperaban soportando el frío.

La farola se apagó definitivamente sin ofrecer ningún aviso previo. Lucia levantó la vista sintiendo un repentino escalofrío. Buscó la mirada de Heiji que hizo un esfuerzo por tranquilizarla, pero Lucia se dio cuenta de que fue incapaz de sonreírle.

Desde que habían hablado con Rumi y dejado el parque, la actitud de Heiji había cambiado.

Habían caminado hasta la discoteca el uno junto al otro, pero no él no había intentado cogerle la mano ni una sola vez. No había vuelto a sonreír y no habían cruzado apenas palabras.

¿Estaría muy enfadado con ella? ¿O estaría… decepcionado?

Lucia temía que Heiji estuviera cambiando su forma de pensar en ella.

Sabía que lo que había pasado no había sido justo para él. Lucia había tomado todas las decisiones y Heiji había tenido que aceptarlas sin estar de acuerdo, casi sin comprenderlo. Sólo porque era lo que ella le había pedido.

Lucia comprendía que no pudiera mirarla como antes…  pero ¿Y si no volvía a hacerlo?

-¿Tienes frío?- le preguntó Heiji interrumpiendo sus reflexiones. Lucia le miro y vio que él la observaba tendiéndole su abrigo y con una medio sonrisa escondida. Lucia se sintió culpable y bajó la vista.

-No, estoy bien- respondió.

Heiji asintió y se giró hacia la puerta de nuevo.

Lucia notaba el frío en la cara, en las manos, en las piernas pero sentía un extraño calor por dentro. Y un hormigueo desagradable que no podía ignorar.

¿Cuánto más pensaba tardar esa chica en aparecer?

Por fin, la puerta se abrió.

Una chica salió de ella junto a una nube de sonidos que rompieron el silencio y retumbaron en las desgastadas paredes del exterior.

Sonreía con los ojos brillantes, el pelo alborotado y coloretes en las mejillas. Parecía acalorada y de hecho, hizo una mueca al encontrarse de golpe con el frío polar de la calle. Se cobijó en el abrigo de plumas que portaba y les miró sin perder el buen humor.

-¿Sois los amigos de Rumi?- preguntó. Los dos asintieron.- ¡Sawako! ¡Encantada! Rumi me ha contado lo que os ha pasado. Debéis estar muy asustados pero no os preocupéis.- Lucia, sin embargo, sintió que el hormigueo crecía y se extendía hacia sus extremidades.- A mí me pasó lo mismo y no hubo ningún problema.-

-¿Ah no?- murmuró Lucia.- ¿No hay problemas para… para… detener esto?-

-¡Claro que no!- exclamó la chica.- Vosotros queréis abortar ¿no?- les preguntó. Ante eso Lucia sintió un latigazo y que la cabeza le daba vueltas por un momento. Ella nunca lo había dicho, ni siquiera lo había pensado, de esa forma tan directa. Oírlo de ese modo la hizo sentir malestar porque no era algo que ella quisiera… era lo que tenía que hacer. Miró a Heiji, pero éste había desviado la mirada al suelo. Así que tuvo que responder ella.

-Sí…-

-Lo tenéis claro ¿no?-

-Sí, muy claro.-

Heiji bufó y se dio la vuelta. Lucia sacudió la cabeza.

-¿Qué tenemos que hacer?- le preguntó a la chica con rapidez. De pronto, quería largarse de ese callejón cuanto antes. Cuchicheando en aquella oscuridad de algo secreto… se sentía como una delincuente.

-Id a esta clínica- dijo Sawako y le tendió un papel con una dirección.- Aunque el aborto es legal en Japón desde hace años, yo te recomiendo ésta. Es europea y no suelen hacer demasiadas preguntas.-

-Pero, será seguro ¿verdad?- preguntó Heiji acercándose de nuevo.- Es una clínica de verdad con médicos de verdad ¿no?-

Sawako se cruzó de brazos.

-Pues claro que es una clínica de verdad- respondió.- Es una clínica privada de un centro médico y todo es legal.-

Lucia suspiró aliviada y apretó con fuerza el papel que tenía entre las manos.

-Eso sí… ningún seguro médico cubre este tipo de cosas y al ser una clínica privada, os va a costar bastante- comento Sawako. Miró a Lucia de arriba abajo.-Además… tú eres menor de edad ¿no? En esa clínica no os pondrán problema a eso, pero el precio subirá.-

-¿Subirá a cuánto?- preguntó Lucía. Sawako frunció el ceño mirando hacia el cielo nocturno.

-Para ir seguros deberíais llevar al menos 15.000 yenes-

Y de nuevo, Lucia sintió esa sensación de vértigo que había sentido en la consulta del médico al conocer su embarazo.

¿15.000 yenes? ¿De dónde iba a sacar todo ese dinero? Era imposible que reuniera esa cantidad ella sola.

Apenas tenía 3.000 yenes y eso contando con todo el dinero que había ahorrado a lo largo de su vida.

Cerró los ojos y sintió que el presentimiento le bailaba en la tripa provocándole ligeras nauseas. Se pasó una mano por el estomago intentando calmarlas.

-¿Estás bien?- oyó la voz de Heiji a su lado. La miraba preocupado, pero ella asintió fingiendo calma.

-Sé que es mucho pero… los médicos de esa clínica son profesionales que podrían solucionarlo en unas horas, ni siquiera tendrías que quedarte hospitalizada un día entero como en otras clínicas y son de lo más discretos.- insistió Sawako. Nadie le respondió, así que se frotó los brazos y miró hacia la puerta.- Bueno, yo me voy. Mucha suerte.-

Y desapareció sin más.

Lucia se apoyó en la pared del edificio sintiendo el frío que desprendía a través del abrigo.

Tenía qué pensar… encontrar una solución. Porque tenía que haberla. Notaba la mirada de Heiji sobre ella y supo que iba a decir algo, pero entonces se le ocurrió una idea y casi de un salto de alejó de él.

Sacó el móvil y marcó un número apartándose un poco e internándose en la oscuridad.

Contó los tonos hasta que una voz adormilada contestó con cierta confusión.

-¡Abuela!- exclamó Lucia.- ¡Soy yo!-

-Hola, querida. ¿Qué tal por China?-

-Abuela, vivimos en Japón.-

-Es casi lo mismo ¿no?-

-Pues en realidad no. No es ni el mismo país…- Lucía sacudió la cabeza.- Oye necesito que me hagas un favor. ¿Podrías mandarme algo de dinero?-

-¿Dinero? ¿Ha pasado algo?-

-No, no. Es algo para mí y papá no quiere dejármelo. Todo está bien.-

Su abuela guardó silencio y Lucia volvió a contar los segundos hasta que la oyó respirar.

-¿Y cuánto sería?- Lucia hizo mentalmente la conversión de yenes a euros y le dijo la cantidad.- ¡Pero eso es mucho dinero! Yo no tengo tanto…- Su abuela le dijo una cantidad, pero en yenes no alcanzaba ni los 10.000.

-¿Y no podrías conseguir más de algún modo?-

-Podría pedírselo a tus tíos, pero me preguntarán que para qué es y yo no sé…-

-Bueno, no te preocupes- la cortó Lucia.- Tú manda a mi cuenta lo que puedas. Ahora allí es de día ¿no? Si puedes ir ahora mismo a hacer la transferencia sería genial.-

-Está bien, pero…-

-Gracias abuela. Adiós-

Y colgó el teléfono para volver junto a Heiji que la miraba confuso.

-Mi abuela me deja una parte- le informó.- Con eso y lo mío tengo unos 13.000 yenes… pero aún me faltan 2.000…-

-¿Tu abuela te lo deja sin más?-

-Se siente culpable y siempre me da todo lo que le pido.- Aunque Lucia no solía pedirle nada precisamente porque no le interesaba deber nada ni a su abuela, ni al resto de esa familia.- Ella animó a mi madre para que abandonara a mi padre y la ayudo a irse. A mi abuela nunca le gustó mi padre…- En realidad no quería pensar en eso. Tenía un problema mejor del que preocuparse - ¿Crees que será suficiente con eso?- Heiji se encogió de hombros.

No, claro que no sería bastante.

-¿De dónde podría sacar el resto?- se preguntó en voz alta. Podría sacarlo de la cuenta para emergencias que compartía con su padre pero en algún momento él vería el extracto y le haría demasiadas preguntas. Acabaría por descubrirlo. Entonces miró a Heiji que volvía a estar con la cabeza baja, aparentemente ausente.- Heiji… -la miró y Lucia respiró hondo.- ¿Tú podrías prestarme el resto?-

Vio como se formaba el inicio de una sonrisa en la boca de Heiji, pero en seguida se dio cuenta de que Lucia no bromeaba y todo su rostro se tensó.

-No. Claro que no- le dijo como si fuera algo demasiado evidente. Lucia esperaba esa respuesta pero empezaba a desesperarse.

-Sé que no estás de acuerdo con esto y que no te gusta la idea pero…-

-¡Claro que no me gusta!- exclamó Heiji de golpe. Lucia se calló por la sorpresa.- Me parece una idea terrible y me parece aún peor que me pidas ayuda para llevarlo a cabo cuando no has tenido en consideración mi opinión en ningún momento.- Lucia sabía que tenía razón y se sentía fatal por lo que estaba haciendo.- Una cosa es que tenga que aceptar esto por tu padre. Estaré contigo y no te dejaré sola, pero no te ayudaré a hacerlo. No te daré el dinero para que mates al bebé.-

-¡Qué no hay ningún bebé, Heiji!- replicó Lucia, nerviosa.

-¡Podría llegar a serlo si no pensarás matarlo!- respondió Heiji. Lucia trató de calmarse y manejar su tono de voz para no perder el control de todo lo demás.

-Heiji, entiendo que todo esto va contra tus creencias y lo siento mucho, pero tienes que entenderme…-

-¡¿Entenderte?! ¡No he hecho otra cosa que esforzarme por entenderte desde que nos conocemos! ¡A pesar de que tú no me has correspondido! Entiendo que te has criado en lugares donde no se piensa como aquí, entiendo que actúas y ves las cosas de forma distinta al resto de las chicas que conozco y eso me gusta de ti pero… esto no puedo entenderlo.- Heiji sacudió la cabeza.- Es sólo un bebé. Siento que eso vaya a arruinarte la vida pero… no puedo ayudarte a matarlo.-

Se quedaron en silencio, mirándose fijamente hasta que Heiji rompió el contacto, se dio la vuelta y comenzó a alejarse del callejón en dirección a la calle principal.

Lucia le vio alejarse y le vio hacerlo sin volverse ni una sola vez hacia ella. Cuando dobló la esquina y desapareció sintió al estúpido presentimiento dar pequeños pellizcos dentro de ella, como si protestara pero por encima de eso, sintió un golpe en el pecho que la dejó sin respiración. Y el frío, lacerante e intenso que la atravesaba con más fuerza como si tratara de sacarla volando de allí.

Cuando la puerta volvió a abrirse, Lucia seguía allí de pie mirando hacia la calle principal, sin ningún pensamiento en su mente.

-Luci-chan ¿Qué haces?- preguntó Rumi.

-Estropearlo todo como siempre- respondió ella. Rumi se acercó a su lado frotándose los brazos, pues había salido sin abrigo.

-¿Dónde está Heiji-Kun? ¿Os habéis peleado?- Lucia asintió y Rumi le rozó el brazo.- ¿Estás bien?-

-No. Creo que debería irme a casa…-

-¡No! Eso es lo peor que puedes hacer. Ven a dentro conmigo-

-No ¿Qué pinto ahora en una discoteca?-

-Vamos te ayudará a sentirte mejor-

La verdad era que volver a una casa que seguramente estaría vacía era lo último que a Lucia le apetecía hacer. Así que cuando Rumi tiró de ella hacia el interior, se dejó llevar.

 
¿Qué os ha parecido?
Nos vemos en la siguiente entrega de Cortes.
Hasta la próxima visitantes ^^

 

 

 

martes, 11 de junio de 2013

Corte 2

Saludos, visitantes.
Estoy aquí de nuevo para traeros el segundo corte de la historia que tenemos entre manos esta semana. Si alguien leyó la primera parte ayer puede dejar de morderse las uñas con la ansiedad porque aquí llega la continuación. Espero que os guste y ya sabéis, comentad con lo que se os ocurra, pero ¡comentad!.


Corte 2: El parque.   
 
Lucia siguió caminando el resto del tiempo hasta que llegó la hora de su cita con Heiji. Caminó sin rumbo, casi sin fijarse por donde iba y procurando prestar  atención, únicamente, a los coches que pasaban a su alrededor para evitar ser atropellada.

No se le ocurrió ir a su casa, ni siquiera se atrevió a acercarse. Era estúpido pues su padre no estaba allí y aunque hubiese estado era imposible que adivinara lo que estaba ocurriendo sólo con verla. Sin embargo Lucia había dejado de pensar con su habitual racionalidad. Mantenía la calma más o menos siempre que fuera capaz de ignorar el condenado presentimiento que tenía en el estomago, pero su cabeza seguía en shock y sabía que no podía contar con grandes ideas.

Por ese mismo motivo seguía sin saber qué le diría a Heiji. Confiaba que cuando le tuviera delante se le ocurriera algo genial o simplemente se le escapara.

Llegó a la puerta del parque.

Tenía un bonito arco de metal negro sostenido por dos columnas de madera rojiza con inscripciones e imágenes de figuras de animales. Tras ella había un camino de arena que conducía al interior, rodeado de árboles y pequeños bancos de piedra.

En el centro del parque había más bancos, sólo que éstos eran de metal y una enorme fuente oculta. Del suelo salían hacia arriba chorros de agua formando distintas figuras. Ahí era donde Heiji y ella habían quedado con los demás.

La tarde de diversión que tenían planeada no tendría lugar, al menos para ellos.

Lucia atravesó el arco y se sentó en uno de los primeros bancos que vio.

Se cubrió más con el abrigo y se enrolló mejor la bufanda en torno al cuello. Ahora tenía frío y sentía que las rodillas le temblaban chocando entre sí apenas cubiertas por la falda a cuadros.

No debía faltar mucho para que Heiji apareciera… Lucia odiaba esperar. Las esperas le parecían aburridas e insufribles porque es, precisamente en esos momentos cuando se te ocurre que lo peor podría pasar. Y Lucia tenía las peores posibilidades rondando su cabeza; el presentimiento, por el contrario, daba saltitos en su estomago como si se tratara de una cama elástica.

Sacó el móvil y se quedó mirando la pantalla. En ella había una foto de Heiji, sonriente y feliz como casi siempre. Había sido hecha en ese mismo parque pero bastantes meses atrás. Aún hacia buen tiempo y el sol le iluminaba de pie, en medio del camino de arena. Con el pelo castaño casi caoba movido por la ligera brisa que corría hacia él. Sonreía, claro… ¿Cuántas veces le había visto sin esa sonrisa enorme que ponía y que llenaba casi toda su delgada cara?

Sus ojos rasgados y oscuros brillaban, pero no por acción del sol, era por la alegría que parecía sentir siempre.

Lucia guardó el móvil y fijó la vista en el verdadero camino de arena. Se cruzó de brazos y esperó.

Pasaron tres, seis, diez minutos y la gente pasaba envuelta en sus murmullos y movimientos de cabeza mientras Lucia seguía sintiéndose ajena a todo lo que veía. Era como una extraña en el mundo. Se sentía diferente a todos los demás y a le vez, invisible. Había desaparecido o había empezado a hacerlo… pronto no sería ella, no sería la misma. Sería una de esas adolescentes embarazadas que reciben las falsas miradas de compasión de todo el mundo mientras a las espaldas son el blanco de insultos y reproches. Especialmente allí… Por un instante se preguntó cómo habría sido todo si aquello le hubiese sucedido en América. ¿También tendría ese fuerte sentimiento de soledad y extrañeza hacia todo lo que consideraba conocido?

Mientras se hacía ese tipo de preguntas en silencio, sintió dos brazos que, aparecidos de la nada que había a su espalda, la rodearon y la abrazaron con fuerza. De la sorpresa estuvo a punto de caer del banco pero pudo mantener el equilibrio.

-Konnichi wa- saludó Heiji. Lucia sonrió, como siempre, de forma automática.

-Por fin apareces- le dijo.

Heiji rodeó el banco y se sentó a su lado. Aún llevaba el uniforme de la escuela y traía la misma sonrisa que en la foto. Lucia le observó y pudo sentir el aleteo de sus queridas mariposas por encima del odioso presentimiento que por un rato dejó de molestarla.

-Eres tú la que ha desaparecido- recordó Heiji.

-¿Qué tal en la escuela?- preguntó Lucia anticipándose a cualquier pregunta que aún no estaba dispuesta a responder.

-Normal. Nada interesante… traducciones al inglés pero eso a ti no te hace falta así que no te has perdido nada importante, excepto que nos han recordado que ya está abierto el plazo para mandar las solicitudes a las escuelas de secundaria que hayamos elegido.-

Solicitudes para escuelas especializadas de secundaria… Lucia ni siquiera había pensado en eso. ¿Cuánto tiempo llevaba en Japón? Cuatro años… dos más que en Bélgica, uno más que en Tailandia, tres menos que en América… sin pensar en más sitios sus cálculos le decían que no faltaba mucho para que su padre decidiera levantar el ancla. ¿Para qué mirar las escuelas de secundaria?

Este era un tema que tampoco había comentado con Heiji, pero en fin, mejor ir poco a poco…

-¿Has mandado la solicitud para la escuela de Shido?- preguntó Lucia. Heiji movió la cabeza.- ¿Por qué no? Esa es la escuela que más te gustaba.- Heiji ladeó la cabeza en su dirección, su sonrisa decreció en un intento de parecer más serio y decidido, cosa que le resultaba muy difícil.

-Ahora ya no me gusta- respondió con sencillez.

-¿Por qué no?- preguntó Lucia aunque ya lo sabía.

-Porque no es una escuela, es un internado. Y está a más de cien kilómetros de Tokio y de ti.-Lucia desvió la mirada. Siempre que mantenían esa conversación acababa sintiéndose culpable sin haber hecho nada.- Sería diferente si tú también te vinieras…-

-Yo no soy tan lista como tú, Heiji. Con mi expediente no me dejarían entrar nunca.- Y Heiji siempre acababa esas conversaciones encogiéndose de hombros como si hubieran llegado a un punto muerto imposible de superar.

Lucia respiró hondo disimuladamente.

Ya estaba coartando el futuro de Heiji sin querer y se dio cuenta de que el pequeño ente que llevaba dentro iba a ser el último empujón que acabaría de convertir el porvenir de Heiji en una ruina.

Tal vez debería callarse. Podría mantenerlo en secreto, aunque eso supondría que tendría que romper con él y con sólo pensarlo… el presentimiento volvió a la carga con una nueva embestida y Lucía tuvo que sujetarse el estomago mientras maldecía en silencio y en su idioma.

-Bueno ¿Y tú que has hecho todo el día?- preguntó Heiji. Lucia se mordió el labio inferior. ¿Serviría de algo guardarlo en secreto? Heiji era muy inteligente, seguro que acabaría dándose cuenta de que algo no iba bien antes incluso de que fuera demasiado evidente.

El presentimiento se removió y sintió un pinchazo en el costado.

-He estado en el médico- respondió Lucia.

Heiji dio un respingo ante esas palabras. Abrió más los ojos y sus cejas se unieron mientras parpadeaba sin parar. La miró mejor y Lucia vio cómo empezaba a reparar en el mal aspecto que ella tenía en realidad; en su palidez, sus ojeras, sus ojos hundidos, su constante y bastante mal disimulada expresión de fastidio.

Se acercó más a ella y le cogió una mano.

-¿Al médico? ¿Por qué? ¿Qué te pasa? ¿Estás bien?- Las preguntas se le clavaron en su cansado cerebro como molestas astillas. Sacudió la cabeza agobiada e intentó sonreír y no acrecentar más el pánico del pobre Heiji.

-Estoy bien. Todo está bien. Estoy…- Lucia contempló el modo en que sostenía su mano y las palabras se le agotaron por un momento. Sonrió sin saber muy bien por qué y miró fijamente a Heiji.-…estoy embarazada.-

Y se quedó callada, esperando su reacción.

Al principio, Heiji ni siquiera se movió, se quedó clavado en la misma posición y sin apartar la vista. Lucia temió haber sido muy brusca cuando notó que la mano de Heiji se aflojaba como si hubiera perdido el control de sus músculos.

Al final, movió los ojos muy lentamente hacia el suelo. Repasaba la superficie arenosa de un lado a otro, pero seguía quieto. Casi parecía que no respiraba.

-¿Em… embarazada?- logró decir con dificultad.

-Significa que estoy esperando un bebé- explicó Lucia.

No respondió a eso y los segundos pasaron sin que nada cambiara. Lucia no sabía qué hacer… era más fácil estar dentro del shock que fuera.

Heiji parpadeó y frunció ligeramente el ceño como si su cerebro hubiese entrado en el proceso de reinicio. Soltó la mano de Lucia y se giró hacia el suelo. Se llevó las manos a la cara y apoyó los codos sobre sus rodillas.

Lucia le observaba alerta. Ya estaba pensando en qué podía hacer si Heiji se desmayaba cuando oyó su voz surgir de las profundidades de la barrera que había formado con sus manos.

-¿Estás segura?-

-He vomitado- se le escapó, aunque le pareció una respuesta ridícula.- Y el médico me ha hecho pruebas… estaba bastante seguro.- Todo volvió a caer en el silencio.- ¿Estás bien?- Heiji asintió y después de varios minutos pudo levantar la mirada.

Estaba casi tan pálido como ella y su eterna sonrisa se había desvanecido. Ahora era imposible adivinar qué sentía, su expresión era extraña y la sorpresa era infinita.

-Esto es… es… algo demasiado impresionante- murmuró él. Lucia le pasó la mano por el hombro y creyó percibir un ligero temblor.

-Lo sé, es muy fuerte-

-Voy a ser… padre-

-¡No!-

Heiji levantó la vista sorprendido y Lucia se reprendió por no haber controlado su impulso.

-No, no, no. Nadie va a ser padre ni madre. Esto…- dijo señalando su estomago.-… no puede continuar.- Heiji la miró a ella y a su estomago de forma intermitente.

-¿A qué te refieres?-

-Yo no puedo ser madre. Tenemos que… pararlo-

-¿Pararlo?-

Su voz sonó horrorizada y el pánico inundó la mente de Lucia.

Lo único que había tenido claro desde que dejara la consulta del médico era que no podía seguir adelante con ese embarazo.

El médico tenía razón: era una irresponsable por haberse quedado embarazada, pero no lo era tanto como para dejar que el ente se convirtiera en un niño que acabaría traumatizado si ella tenía que ser su madre.

Lo tenía claro y aunque sabía desde el principio que iba a ser complicado que Heiji lo entendiera, estaba dispuesta a hacérselo comprender.

-¿Estás hablando de matar a nuestro bebé?- preguntó él. Lucia se espantó sólo con oír esas palabras. Dicho así sonaba terrible, pero estaba exagerando.

-Heiji aquí dentro no hay ningún bebé- le dijo.- Ahora mismo lo único que hay es una célula, un bultito que no tiene ni corazón, ni pulmones ni nada. No es un bebé. Y no hablo de matarlo sólo… bueno, lo que yo digo es pararlo ahora antes de que sea más difícil.- Heiji se removió en el asiento como si no estuviera seguro de qué hacer. Su expresión era una mezcla de emociones pero ninguna permanecía en su rostro el tiempo suficiente como para reconocerla: había horror, dudas, decepción, angustia. Jamás la había mirado así y Lucia empezó a ponerse nerviosa de verdad.- Vamos, yo no estoy preparada para ser la madre de nadie y tú tampoco. Sólo somos críos… ¿Qué pasará con todas las cosas que quieres hacer? La escuela secundaria, la universidad… no podrás hacer nada con un bebé. No podemos hacerlo.-

Pero Heiji se puso en pie casi de un salto y se paseó delante de ella como intentado recoger soluciones del suelo.

-Pues dejaré lo de la escuela para más adelante y trabajaré. Y nos casaremos y seremos una familia.-

El corazón de Lucia saltó de puro terror.

-Tengo 17 años, no puedo casarme todavía- Los nervios empezaron a devorarla y sintió una vez más ese calor terrible que se deslizaba por su piel como una serpiente pegajosa y sinuosa.

Jamás habría esperado una reacción así. En América había visto a chicas jóvenes quedarse solas cuando les decían a sus novios que estaban embarazadas. Claro que sabía que Heiji no haría eso pero no había contado con que sacaría a relucir el maldito sentido del honor que tenían los japoneses.

-No podemos darle la espalda a nuestro propio hijo, él no tiene la culpa de esto.- continuó Heiji.

-Nosotros tampoco…- Bueno, eso no era técnicamente cierto.-… quiero decir, que nosotros no decidimos ser padres. Ha sido un accidente.-

Heiji se detuvo y la miró más serio de lo que lo había hecho nunca.

-Aún así, es un accidente que traerá algo bueno y que ya no puede detenerse. El bebé está en camino y no se puede dar marcha atrás.-

Parecía tan convencido y seguro que Lucia se hundió en su asiento sintiendo el peso del mundo caer sobre ella.

No dejaría que parara el embarazo. Él no lo permitiría nunca y ella no podía hacerlo a sus espaldas. El rostro de su padre apareció en su mente como una imagen espectral.

No podía enterarse de aquello. La odiaría para siempre.

-Heiji- dijo Lucia. Se dio cuenta de que la voz la temblaba y cuando se puso en pie, las piernas también se tambaleaban.- Lo siento. Sé que esto va contra tus principios, tus creencias y no lo puedes entender pero… no puedo tener un bebé. Mi padre se volvería loco si se enterara…- Heiji no cambió su expresión y Lucia se acercó más a él.- ¿Qué crees que hará cuando se entere? No lo aceptará jamás. Sería capaz incluso de llevarme él mismo a un hospital para que abortara…-

-Pues no se lo diremos hasta que sea tarde-

-¿Crees que eso bastará? Mi padre no permitirá nunca que su hija se case con un japonés y tengo un bebé medio japonés, ya sabes cómo piensa.- Heiji dudó ante esas palabras y Lucia aprovechó su indecisión para seguir.- Sí, yo tendría el bebé y probablemente él te lo daría a ti y a mí me mandaría interna a algún colegio de Europa o más lejos. Y buscaría las formas de mantenerme lejos para siempre.- Lucia le cogió las manos y le miró fijamente.- Jamás volveríamos a vernos- Heiji la miró, el pánico ahogaba sus ojos y no le dejaba hablar.- Por favor… esto puede arruinar mi vida.-

Lucia buceó en su mirada hasta que Heiji bajó los ojos y después los hombros, derrotado.

Lucia no sintió alegría pero sintió un profundo alivio que recorrió todo su cuerpo apartando de un empujón al mal presentimiento. Casi sintió que las piernas perdían la fuerza para sostenerla.

Avanzó un paso y hundió el rostro en el hombro de Heiji. Subió las manos por sus brazos pero no se atrevió a abrazarle del todo. Heiji se quedó paralizado unos instantes pero al final sintió su mano rozándole el pelo y la otra sobre su espala atrayéndola hacia él.

El corazón le volvió a latir y entonces sí pudo abrazarle.

-Gracias, Heiji- susurró.

-Está bien- murmuró él. Guardó silencio unos instantes y la abrazó más fuerte.- ¿Qué vamos a hacer ahora?-

Hasta aquí.
Nos vemos mañana para descubrir la continuación de la historia. No olvidéis pasaros por la sección de horóscopos si queréis tener un final feliz hoy y mañana publicaremos una nueva reseña literaria. (Sí, esa sección sigue abierta).
Hasta pronto, visitantes ^^